viernes, 29 de mayo de 2009

RÉQUIEM, POR UNA MADRE



















Sin decir ni pío, una madrugada de aquel caluroso otoño del 91, te marchastes. Como hicistes toda tu vida, no molestastes. Ni para morir.
Aunque Dolores Segura en tu carnet figuraba,"Lolita la de San Joaquín" te llamaban.
Desamparado y huérfano de cariño, de la noche a la mañana me encontré. Pero ni las nuevas vicisitudes, ni los continuos avatares de la vida, han podido eliminar tu recuerdo en mi.
Que decirte de lo de menos que te he echado. Por tantos y tantos motivos, que serian innumerables de mencionar.
Echo en falta tu escritura. Te acuerdas que te comentaba que me enseñaras a escribir con esa particular letra gótica que poseías. Lástima, lo pospusimos demasiado.
Añoro tus platos: tus calamares rellenos, tu cazón en amarillo, tus poleás, tu pescado en blanco -que cuando alguno caíamos enfermo nos preparabas-, tus berzas, tus tortillas de camarones y tus croquetas caseras, tus panizas, tu gazpacho, tus tortitas de navidad que juntos preparábamos, etc.etc.etc.
Incluso echo en falta, tus riñas, por las travesuras que de niño realizaba. Y los consejos, que con tu sabiduría y experiencia de madre me prestabas. Tu habilidad para sortear cualquier tipo de disputa en el hogar. Y que decir, de tu destreza para afrontar todos los contratiempos que se presentaban.
Con una vida de penurias, carencias y estrecheces, nos fuistes criando.
Y la nostalgia que me provoca tus recuerdos, superan, las obligaciones, responsabilidades y ataduras con las que me encuentro.
Cada noche cuando caigo en el lecho, aspiro, a que en mis sueños de esa madrugada, te me aparescas, para que estos agoreros, profetas y aguafiestas: de ateos, creyentes, científicos, agnósticos o psicólogos, se fastidien, demostrándoles que mis quiméricas ilusiones y mi abstracta y subrrealista esperanza de un futuro reencuentro, se había hecho realidad.
Mientras te escribo estas notas, lloro, y las lágrimas que brotan, hacen que mis dedos resbalen en el teclado.
Para que tus recuerdos no se me olviden, necesito vivir, ya que cuando yo muera, nuestra relación habrá llegado a su fin.
¡Hasta siempre, Madre!. ¡Hasta siempre, Mamá!

martes, 19 de mayo de 2009

el camaleón, el político y yo


En un Abril de finales del pasado siglo, coincidiendo con una de mis aisladas escapadas al Parque Nacional de Doñana, donde disfruto oteando desde algunos de sus miradores a las aves acuáticas y posteriormente, perdiéndome entre sus sinuosos senderos, me dispuse atravesar de un lado a otro, el camino principal que vertébra en dos al Parque, cuando observé a un intrépido camaleón que me intentaba imitar, en el mismo momento en que se aproximaba un vehículo 4 x4 a una desmedida velocidad -dado el entorno en el que nos encontrábamos- poniendo con ello en peligro su vida, por lo que de inmediato decidí realizarle señales con mis brazos al conductor, a la vez que me interponía entre el automóvil y el camaleón, logrando conseguir su parada.
Al bajarse del coche su piloto y comprobar el motivo por el que le había hecho interrumpir su marcha, me obsequió con una lingüística de adjetivos des-calificativos que omitiré por respeto a la audiencia, pero que lo más bonito que me llamó, fue: imbécil, subnormal e idiota. Conforme yo iba recibiendo la sarta de improperios, apretaba cada vez más la vara seca de jara que portaba en mi diestra mano, para contenerme y no caer en provocaciones que no nos iban a llevar a ninguna parte.
Yo había reconocido a esa persona inmediatamente, pues es un personaje político de nuestra ciudad, circunstancia que no le mencioné y que con reserva me guardo. Y que no se preocupe dicho animal político que de mi boca no saldrá ni su nombre, ni el de la formación política a la que representa, secreto que me llevaré a la tumba.
Una vez que emprendió su marcha este individuo del lugar de los hechos, aparté con mi ramita al camaleón a paraje más seguro.
Tal heroica hazaña de proteccionismo, supuso que mi ego subiera bastantes enteros.
Y mientras le explicaba a este primitivo ser, quién era este sujeto, a lo que se dedicaba y cual era su función en nuestra sociedad, con su aparente mirada perdida por sus independientes ojos, me transmitia: que era este notable personaje y no él, el que tendría que estar en peligro de extinción.