viernes, 26 de junio de 2009

QUERIDO Y AÑORADO PRIMO:




Querido y añorado primo:

He tenido recientemente noticias tuyas, después de que te vimos partir para hacer las Américas en la década de los sesenta, camuflado entre los serones de animales de cargas, de aquellos incansables arrieros.

Tu siempre tuvístes anhelos de pegarte una vida a cuerpo de rey. Y lo has conseguido.

Por aquí nuestras vidas continuan adelante, pero ya no es lo mismo. Nuestras Dunas de San Antón que recordarás de nuestra niñez, repletas de pinos piñoneros, retamales, arbustos, puntuales cañaverales, algo de pasto, salteadas palmeras, eucaliptos, irritosas ortigas, matorrales, hileras de tunas, vinagreras, jaramagos, hongos y esparragueras, ya no son lo que eran.

Las añoradas y recordadas "cataratas" de arenas de las Dunas, donde tantos revolcones nos dimos con infantiles y juveniles criaturas, han desaparecido. Apenas quedan vestigios de alguna que otra alberca.

Ni hay rastro de aquellos colúmpios magistralmente elaborados con cuerdas de barcos, que los intrépidos niños salvajemente disfrutaban y de los que tantas caídas soportamos.

De nuestra compañera fauna subsisten: la inagotable marabunta de hormigas, los impertinentes mosquitos, unas pocas aves autóctonas y otras migratorias, algunas hileras de gusanos, varias mariposas, dos camaleones, tres lagartos, cuatro erizos, cinco saltamontes, seis conejos de bosque, y siete escarabajos. Que por cierto, recuerdo lo puñetero que eras con estos insectos, porque te juntabas con otros compañeros y hasta que no le cambiábais el nombre y la postura, dejándolos "escararribas" no parabas.

Nuestro enclave favorito -en aquel montículo a la sombra del retorcido y ancestral pino- desde donde divisábamos las charcas que aquellas estancadas aguas de lluvia formaban, rebosadas de renacuajos, ranas y tritones, en las que algunos niños montaban su particular zafari cazando sapos con varillas de paraguas, y que revoloteadas de impertinentes libélulas y molestos moscones, se extinguió de la noche a la mañana.

El vaivén del desarrollo nos trajo las expropiaciones "Naturales", y aquel edén del que un día formamos parte, quedó alterado hasta el punto de que una verja-muralla, le sesgó la yugular a San Antón.
Muro que ha quedado de exponente pizarra de atrevidos grafiteros, que con sus diferentes culturas y talentos, le estampan su particular sello.

Nos han cercado de instalaciones deportivas, viviendas particulares y residenciales, hoteles, locales comerciales, gasolinera y hasta un camping, que para mayor deshonor se llama de las Dunas de San Antón. Explotación particular para uso y disfrute de foráneos campistas y pagadores veraneantes.

¿Te acuerdas de la Playa de la Colorá? Pues ya no existe. Entre unos ineptos botarates políticos y otros desarmados influyentes empresarios, les vendieron el cuento a los pobres e ingenuos Porteños, de la creación de cientos y cientos de empleos, con la construcción de un náutico puerto. Instalaciones que son de utilización y goce de navieros y navegantes de recreo. Y con ello destrozaron ese tan singular y asilvestrado litoral.

De la Playa de las Murallas decirte, que hasta su mismo acantilado, le han construido viviendas de pudientes ciudadanos.

Del resto del paraje y de su entorno, ni que contarte, necesitaría segunda y tercera parte. Porque unos "profesionales cirujanos de la especulación", lo han dejado practicamente irreconocible, al haberlo sometido a una desastrosa estética operación.

Para tu satisfacción informarte: que aún sigue estando en pie, con un remozado aspecto "un alto en el camino". Que el antiguo " berrenchín", es el que más ha sufrido el declive de su fama, hasta el punto de servir en la actualidad de simple kiosko. Pero me han llegado noticias de un atrayente proyecto, para que este establecimiento pase a ejercer de una especie "de centro de día", donde acoger a personas exalcohólicas y de otras toxicomanías.

Y el que continúa con su anual encalada estampa, es esa reliquia del pasado no muy lejano llamada "el castillito", que sirve de faro y guía.
Y proporciona un contemplativo relax a los cansados paseantes todos los días.

Yo aproveché, y antes de que quedara definitivamente cercado por las nuevas construcciones, me alisté con otros, a una fuerte brisa del norte y me apoltroné en la Playa de la Puntilla. Desde donde mis noches las paso observando y recontando las estrellas, porque no me gusta que ninguna falte a esa madrugada cita.

De mi limpieza personal, se encarga puntual y periódicamente las mareas, aunque tengo que tener cuidado con las olas y sus traicioneras ahogadillas.

Me gusta reunirme entre algas, chinitas, restos de navajas, conchas, burgaillos y otras caracolas.

Disfruto viendo corretear a los pájaros corriplayas, aunque tengo también que soportar de las incombustibles gaviotas, sus continuas pisadas.

Padezco los múltiples pinchazos de las variadas y coloreadas sombrillas, pero me reconfortan los niños que con sus diferentes rastrillos, me provocan numerosas y cariñosas cosquillas.

Los vespertinos atardeceres, me transforman en un auténtico "voayer", que agradablemente visiona: algunas manitas, besos, caricias, arrumacos y algunos que otros amoríos. Pero de lo que más gozo, es jugueteando a los inconsistentes "castillos de arenas" con los críos.

Continuando contigo: siempre te imaginé que terminarías residiendo, en un adosado, en un unifamiliar, en un chalet, o incluso en un cortijo. Pero lo que no se me podía pasar por la cabeza, es que tus aires de grandeza, te llevaran a pertenecer de "Cemental" mezcla restauradora, de un castillo de la alta nobleza. Mientras que yo, sin ningunas aspiraciones placenteras, me esté dando una gran vida playera.

Y es que no paro de preguntarme primo: que con tu tez blanquialbina y mi postal de rubia reluciente ¿cómo dos tan similares granitos de arena, hemos acabado en destinos tan diferentes?.

domingo, 14 de junio de 2009

ANOCHE TUVE UN SUEÑO



Ayer al caer en el camastro como cada medianoche, rendido de calor y de lo poco que había hecho durante toda la jornada, me dispuse a cerrar los ojos, provocados por el cansancio mental que la rutinaria vida me ocasiona, cuando entré en un ensueño que me trasladaba a mediados del mes de abril, a un Centro de Enseñanza.

Mi educación escolar que llegó a su fin con la terminación de los estudios primarios en el curso 72/73 en unas aulas repletas de cuarentenas de masculinidad, dio un salto de más de siete lustros hasta hacerme aparecer en este Centro de Adultos para desarrollar conocimientos básicos de segundo de informática. Evocaba que tanto en un primer curso como en este segundo había estado acompañado solo por damas. Y que aunque esto supuso para mi un "impresionable" impacto, por lindo y agradable me fue fácil de superar. Que guardaba un grato recuerdo del primer curso, pero que este segundo, había significado algo especial por su alcance emotivo.

Se me representaba imagenes del aprendizaje, creación y desarrollo del blog, que dependiendo del uso que cada uno le había dado, había supuesto un antes y un después para una considerada parte del alumnado. Que yo había llegado a calificar al blog como ese interviú virtual en el que exponíamos nuestras desnudas emociones y despojábamos sentimientos que aunque no ocultos si estaban en estado silentes.

Imaginaba que para mi, por ejemplo, representaba una atrayente novedad, con la que había podido compartir con otras personas: experiencias, vivencias y un sin fin de anécdotas e historias que me habían agradado recordar.

Me venían apariencias, de que no todo había sido un camino de rosas. Que había padecido durante el periodo cursal unos momentos animicamente bajos -que de ello sabia algo, alguna compañera y sobre todo nuestro Maestro Juan- en los que estuve incluso a punto de tirar la toalla y el blog de clausurar. Porque no terminaba yo de aceptar y comprender que siendo cuatro gatos como éramos en el grupo, que parte del mismo ignorara a la otra parte no visitando ni comentando en sus blog. Y que no me refería concretamente al mio, porque por suerte para mi había sido de los más comentados, sino que apreciaba un cierto abandono y olvido de unos blog por parte de otros. Que aún así, el Maestro Juan con su diestra mano izquierda, me hizo desistir y me animó a continuar.

Recordaba una imagen borROSA de un malentendido con una compañera, donde un desafortunado comentario por mi parte, nos obligó a que públicamente aclaráramos y zanjáramos el asunto y que sinceramente me alegraba de que esto hubiera ocurrido, porque envés de menguar nuestra relación, había servido para acrecentar la afinidad que poseíamos en temas como el de la naturaleza y otros, y que con ello nos habíamos convertido en mutuos fieles seguidores. Cosa de lo que me enorgullecía.

Me llegaban ilusiones de que nuestras entradas de blog no trascendían más allá de las fronteras de nuestra aula, por lo que mis escritos estaban dirigidos concretamente a una escasa pero fiel y respetuosa audiencia de seguidoras, con la simple y sana intención de hacerlas pasar unos momentos agradables, bien en el plano humano, anecdótico, risueño o sentimental.

Me imaginaba que con la finalización del curso, la llegada de las vacaciones escolares, el no tenerle que demostrar al profe las tareas encomendadas, la relajación del verano y nuestras ausencias, nuestros blog caerían en una somnolencia profunda, que les llevaría a un letargo y un estado de reposo casi absoluto. Y que no me gustaría que estas excusas, actuaran como la matrona que cortara el cordón umbilical que nos vinculaba. Pero que aún así, yo como fiel seguidor de cada una de mis compañeras, continuaría visitando y comentando sus esperadas y oportunas entradas.

En la fantasia, pensaba comentarle a mis compañeras que si en el futuro nos volviéramos a ver, que no sería yo quien forzaría el saludo, para evitarles cualquier tipo de incomodidad y por respeto.

Que quería despedirme de todas y cada una de ellas, y alfabéticamente saludar : Áida, Ángeles, Charo, Fátima, Juani, María Jesús, Maribel, Mercedes, Nati, Puri y Rosa. Y decirles un ¡hasta siempre! y que ¡fue bonito mientras duró!

Que como en los frascos pequeños se guardan las grandes esencias, las guardaría en el pequeño frasco que es mi corazón.

Les reconocería, el mérito especial de compatibilizar: la familia, la casa, los cursillos, algunas incluso con trabajos fuera del hogar, etc. Por lo que me quitaría el sombrero ante ellas y levantaría mi copa, para brindar por su salud y prosperidad.

Que era probable que para muchas de ellas, esto no hubiese sido más que otro curso, mientras que para mi había sido, "MI CURSO" y que habían significado sus enhorabuenas y felicitaciones, el oxígeno que los pulmones de mi ordenador habían necesitado para transcribir mis pensamientos.

Que mi experiencia personal en todo esto, me había aportado muy diversas y variadas vivencias enriquecedoras.

Que llevábamos diez agotadoras semanas de informática, pero de fructíferas e intensas emociones que nunca olvidaría. Y que tendría que bajar de la nube en la que me encontraba flotando, porque más pronto que tarde, llegaría el día en que todo esto desgraciadamente acabaría.

Pero cuando se pusieron de acuerdo esos dos inseparables compañeros que son la próstata y la vejiga, para al unísono actuar, provocaron mi biológico despertar. Y con ello, certificaron que había estado inmerso en un dorado sueño.

Deambulaba al amanecer por la calle lamentándome de que las imagenes, ilusiones, fantasías y deseos, habian sido irreales, pero al mismo tiempo me alegraba de que por lo menos lo hubiese soñado.

Y poco más tarde en el bar, cuando fui a meterme la mano en el bolsillo del pantalón, para buscar la moneda de euro con la que abonar el famoso cafetito matinal, tropezaron mis dedos con un artilugio metálico, tamaño de una pila, que vino a ser un lápiz de ordenador. Con la mirada perpleja en el ingenio, pasaron por mi mente, mil y una imagenes relacionadas con este mecanismo a una gran velocidad. Y que me venían ha garantizar, que todo esto no había sido un sueño, sino que era la auténtica realidad.

Por lo que no iba a tener que vivir de emociones imaginarias, sino de verdaderos recuerdos.

viernes, 5 de junio de 2009

P A T A C H U L A

¡No! no es un flamenco a una pata en las marismas de Doñana. Es mi amigo Patachula.

He estado varios días buscando esta foto, hasta que la encontré. Estaba donde tenía que estar, en mi baúl de los recuerdos.

No tuve la suerte de conocer a esta persona, ni en mi niñez, ni en mi infancia. Fue allá por la frontera de mi tardía adolescencia y comienzo de mi juventud, cuando fui llevado por algunos miembros de mi entonces pandilla, a un local de una finca de la calle larga del Puerto.
A este local le denominaban la JUFRA (JUventudes FRAnciscanas). Todavía no se por qué.

Descubrí con asombro y agrado a un grupo de jovenes, que en el lugar se reunían para coloquios, veladas, tertulias, charlas, etc. Era un mundo nuevo para mi. Recuerdo a bote pronto algunos apellidos ilustres de la época, representativos como: Aparicio, Mauri, Caamaño, Polanco, Hiniesta, Aldana, Prius, Ahucha, Ibañez, en algunos de los casos incluso varios hermanos.

Eran años del comienzo de la transición democrática en nuestro país.
Y estos encuentros estaban motivados por la edad, el momento político que se vivía y las inquietudes estudiantiles que afloraban.

A todos estos jóvenes conocí, pero no con todos intimé. Y hubo uno de ellos que me marcó de manera muy especial. Era un estudiante que con un embaucador parlamento, digno del mismísimo Don Juan, encandilaba a cualquiera que por allí asomaba.

Yo en realidad estaba un poco fuera de lugar, para mi esto era otro nivel cultural. Por lo general eran muchachos bachilleres y universitarios, y yo me había quedado con un ajustado cinco en los estudios primarios.

Por sus venas corre sangre inconformista y comprometida, ya que su padre Luis, también fue un reivindicador sindicalista y político de su época.

Fueron pasando los años y este joven del que les hablo, que defendió con fogosidad sus ideales políticos y sociales hasta el punto del encarcelamiento y la clandestinidad, y que no necesitó ningún tipo de delantal para no mancharse de salpicaduras políticas, terminó su universitaria carrera.

Y durante este tiempo yo le perdí un poco el norte, era lo normal dadas sus impetuosas y apasionadas inquietudes político-sociales, y sus estudios, mientras que yo más bien me comportaba como un huraño ciudadano. Por lo que nuestras vidas se desarrollaban en diferente dimensión.

Recuerdo incluso hasta con cierta" melancolía", una re-tención que sufrí en casa de otro amigo en común, donde un famoso inspector de policía de nuestra ciudad, me interrogaba preguntándome por su paradero y por él, y como yo no iba a ser menos que San Pedro, hasta en tres ocasiones le negué. Si esta " autoridad" en vez de tanto preguntar me hubiera registrado, en un bolsillo del pantalón esta foto me hubiese encontrado.

Pero pasado algunos años, volvimos a coincidir en un circulo de reunión, tan variopinto, heterogéneo y dispar, que aún me pregunto ¿cómo aquel tiempo pudo durar?

Tenía esta persona unos singulares andares y unas particulares piernas que nos obligó a que "Patachula" se le pusiera. Poco mas tarde apareció en la afamada serie de tve verano azul, un personaje al que también le llamaban patachula. Nos lo copiaron, nuestro Patachula era único, irrepetible y anterior.

Durante este periodo, innumerables fueron los momentos que compartimos juntos: con reuniones en bares, visitas familiares, acampadas, veladas vecinales, y un sin fin de encuentros en los que siempre destacaba por su desparpajo y desenvoltura, fuera la situación que fuera en la que nos encontráramos. Amenizaba con su fácil verbosidad y su simpatía todas nuestras reuniones, además de: con sus chistes, sus acordes de guitarra, sus historias, sus cánticos y sus animadas conversaciones. Vamos un dicharachero parlanchín a toda honra.

También tengo que reconocer: la de tabernas, casetas de feria, bares y tascas que logramos de madrugada cerrar. Creo que en copas de vinos y cervezas nos bebimos nuestra parte y un poquito más. Y entre copa y copa, partida de cartas, de dominós y anécdotas que contar.

Yo siempre lo envidiaba y me fascinaba su capacidad a todos los niveles. Mi insuficiencia e inutilidad, ante este personaje se acrecentaba aún más. Y sin que él lo supiera -"ni lo va a saber"-la idolatría, con la admiración hacia él, se confundían.

¿Quién no ha soñado alguna vez, con encontrarse la lámpara mágica de Aladino, con la que poder hacer realidad tres deseos?, Pues yo varias.
Y de estos tres deseos, uno lo tenía siempre destinado, quería parecerme a este amigo.

Como en la etapa anterior, nos fuimos distanciando -de encuentros, que no de amistad-, por los normales motivos de su carrera profesional, sus entornos comprometidos con las reivindicaciones sociales y mi cada vez más acusada postura de ermitaño social.

Hoy en día es un afamado y superlaureado escritor. Ha dedicado letras también a los carnavales, ha sacado murgas y charangas a la calle. Se ha especializado en la narración de cuentos. Es la voz cantante y cabeza visible de su Centro de trabajo. Y de su vida familiar, lo último que conozco es que comparte hogar con su pareja, además de con un niño y un niña que son su ilusión de cada día.

En este rompecabezas que es su vida: su familia, su escritura, su Centro de trabajo, etc., esta pieza que es la etc. es por sus innumerables ramificaciones de dedicación a las reivindicaciones sociales, la que creo -no por más ni menos importante- le es mas difícil de encajar en su puzzle personal. Allá donde exista un atropello social, medio-ambiental o humano, allí se le encontrará. Por lo que yo, que no me saco el graduado escolar, para que no me llamen a una mesa electoral, me encuentro en las antípodas de su compromiso con la sociedad.

Que por sus poros además de sudoración desprende cultura, simpatía y amabilidad, está ya mas que contrastado, lo que yo pondría es mi mano en el fuego, asegurando que su reloj biológico tiene treinta horas diarias por lo menos, por que si no, no se como tantos asuntos puede atender.

Como un auténtico Guadiana, ha aparecido y desaparecido varias veces en mi vida. No hace mucho tiempo volvimos a coincidir. Y sabedor él, de que la naturaleza es mi amor, a la "Arboleda" me arrastró. Y con su pedagógica enseñanza, su animador talante y su magisterio de la vida, diariamente nos educa.

Esto no es una biografía de él, porque eso es para los sin vida, tampoco un homenaje, porque él no lo necesita, es únicamente para que mis compañeras conozcan un poco más a este" personaje" y de camino hacerle la pelota, para que me apruebe el curso que estamos a punto de acabar.

¡Gracias! por permitirme ser tu amigo y por ser como eres......Maestro Juan Rincón (Patachula).

lunes, 1 de junio de 2009

EL CAFETITO DE LAS MAÑANAS, YA ME SIENTA MUCHO MEJOR

Desde hace algunos años, acostumbro a tomarme un café a primera hora de la mañana, en un conocido bar de barriada. Mientras degusto su consumición y contemplo las últimas noticias que nos ofrece la televisión, atiendo con suma curiosidad a las tertulias que a esa hora temprana mantienen: pensionistas, desempleados, trabajadores y vecinos que alternan el establecimiento.

Pero también "nos deleita con su presencia" un señor empleado de entidad financiera, que para mayor inri resulta ser un excompañero de colegio, y mas en concreto de pupitre -si llego a saber en aquellos tiempos, lo que el futuro me depararía con este colegial, no le hubiese permitido utilizar mis bolis Bic, ni mis lapiceros Alpino, ni mis rotuladores Carioca, ni mis borradores Milan.

Y es que este sujeto, tan trajeado él, nos miraba en la cafetería por encima del hombro a todos, con un complejo de superioridad y un comportamiento de altanería que para nada había pasado desapercibido a los allí frecuentes. También podría ser que fuera, porque les sacaba una cuarta de altura a unos, y a otros nos sacaba dos. Pero yo mas bien creo lo primero, y es que este menda era así de prepotente. A mi en concreto me miraba como diciendo " mira a donde he llegado y tu en lo que te has quedado". Y ese café de las mañanas, llevaba tiempo que no me sentaba nada bien. Desde que coincidía allí con este fulano.

Los fines de semana era otra historia. Con su monumental y oronda figura, y su porte de yuppie dominguero, se nos presentaba con su indumentaria de marca: su periódico debajo del brazo, sus calzonas Meyba, sus zapatitos Náuticos y su amarillo polito Lacoste, que a mi me recordaba al gigante Paco Pico. Imagen con la que yo disfrutaba al comprobar que mi grotesco y ridículo cuerpo, nada tenía que envidiar a la estampa que este señor sin su armadura profesional, nos mostraba.

Un día tuve que acudir para no se que tema, a su sucursal. Creí yo que al dirigirme a su mesa, se dignaría a solucionarme dicho asunto. Sin apartar la mirada de la pantalla del ordenador, me refirió que él se dedicaba a las inversiones y depósitos y que me acercara a la compañera de la mesa de al lado. Así fue y mi consulta fue solucionada.

Pero salí indignado y humillado de esa oficina, por no haber tenido este individuo ni la decencia de mirarme cuando le estaba hablando. Me sentía tratado con la punta del zapato por este sujeto. Cabizbajo me decía para adentro " hasta aquí hemos llegado". Y me iba proponiendo y jurando que me las pagaría, y aunque sin prisa alguna, un día tenía que tenerlo postrado a mis pies.

Nada hacía presagiar que mis deseos se pudieran pronto hacer realidad, cuando pasados pocos meses y teniendo casi olvidado el asunto, me encontré una mañana con la sorprendente noticia en el bar, de que había caído el premio de los cupones de la Once de la noche anterior, en el Puerto. Raudo y veloz, y sin terminarme el café, aboné mi consumición y me ausenté a toda prisa de la cafetería para no coincidír con el susodicho. Tenía la ocasión perfecta para mi venganza, pero necesitaba unos momentos a solas de tranquilidad para idear una estrategia y una escusa o coartada en caso de necesidad. Y así lo hice.

En los primeros momentos de la apertura de la sucursal, me presenté en dicha oficina preguntando por la persona encargada de atender un posible y cuantioso ingreso económico. Como presuponía, me acompañaron a la mesa de este señor. Nos presentamos -como sino nos conociéramos- y empecé a contarle mi historia de los cupones premiados. Me preguntó por ellos, pero le dije que no los llevaba encima por cuestión de seguridad. Y le solicité información detallada de los posibles beneficios de depositárlos en su entidad.

Comprobé que en su mesa había una taza de no se qué, y con una sutil e indicadora mirada a la misma, le obligué por cortesía a que me la ofreciera. Y acepté. Resultó ser una taza de delicioso chocolate.

Mientras la iba degustando, él me hablaba de intereses, beneficios, inversiones, deuda pública, letras del tesoro, capitales, ganancias, rentas y no sé de cuantas cosas mas, que ni entiendo ni quiero entender. Y de regalos me ofrecia: televisor, dvd, cámaras, vajillas, relojes, toallas y un sin fin de tiestos mas que ni me acuerdo. Menos mal que era todo una trola, que si nó, no se donde todo eso lo hubiese podido meter.

Nos despedimos -me acompañó hasta la puerta-comentándole que ya tendría noticias mías, en el caso de que me decidiera por su entidad, negándome por supuesto a darle mi número de teléfono particular. Mientras me alejaba de su oficina, me relamía el bigote y las barbas del cacao calentito que acababa de disfrutar. Y a la vez me preguntaba a mi mismo ¿cómo un simple arlequin como yo, a este insigne bancario, de tan trivial y banal manera había podido burlar?.

Por supuesto no llegó a tener noticias mías, y en el bar seguía sin saludarme como si nada hubiese pasado. Circunstancia que yo agradecí. Por si me preguntaba alguna vez que es lo que decidí hacer con la fortuna, yo ya tenía pensado contestarle que me quedé con una sola cantidad de ella, puesto que la había repartido entre mis familiares, que tan necesitados como yo estaban.

Y la cosa es, que de un tiempo a esta parte no lo veo aparecer por la cafetería, no se si habrá escalado algún nuevo peldaño en su carrera profesional y tendrá nuevo destino, o le habrá afectado también la actual crisis económica que todos padecemos, con una reducción de plantilla de su firma financiera -cosa que no le deseo, aunque se lo meresca-.

Sea por la razón que sea, la cuestión es que desde que ha desaparecido de mi vida este ilustre personaje, el cafetito de las mañanas, ya me sienta mucho mejor.