miércoles, 22 de diciembre de 2010

LUIGI Y ANTONIETTA

Bañada por las aguas del Adriático se encuentra Termoli, localidad de unos 30.000 habitantes perteneciente a la provincia de Campobasso en la región italiana de Molise, población natal y residencia de:

Luigi, un maduro y apuesto caballero del mundo de la farándula, que se vanagloriaba de sus casanovescas conquistas en las mismas narices de su pareja Antonietta, y ésta, una bella joven descendiente de una famosa familia de artesanos jugueteros de la zona, de agraciado físico aspecto, pero que era el hazmerreír de él.

Estos, formaban una pareja singular como pocas, ya que daban bastante que hablar a sus conciudadanos de los que eran sobradamente conocidos, pues sus trapos sucios eran lavados y exhibidos públicamente sin el más mínimo reparo ni pudor. Y varios eran ya los años que se les conocía compartiendo los éxitos y fracasos de la vida trashumante que la pareja llevaba, motivada ésta, por la singular profesión que a los dos les ocupaba.

Ella, siempre estaba sometida a los caprichos de él, y no solamente eso, sino que además era continuamente su pareja quien hablaba por ella y movía los hilos de su vida como si ésta fuera una marioneta, además de no dejarla que delante de nadie expresara totalmente libre sus propias opiniones.

La joven, tenía asumido un papel de sumisa compañera, hasta el punto de soportarle a Luigi que fuera él quien llevara siempre la voz cantante en esta sui géneris relación. Y es que por más que ella quisiera manifestar sus individuales pareceres, él la manipulaba para que terminara esta declarando lo que a su pareja más le convenía.

Luigi, hacía que quedara la inocente Antonietta como si ésta tuviera una lengua de trapo, cada vez que mostraban sus desavenencias delante de los habituales oyentes que se concentraban a presenciar el esperpéntico espectáculo que frecuentemente por la calle montaban. Lugares por cierto, por los que era imposible a ella verla sola.

A él, nunca le interpusieron demanda alguna de abusos ni de maltrato, aunque era raro, el aldeano que no fue testigo en más de una ocasión de como Luigi a ella le ponía la mano encima. Y Antonietta pávida y sumisa, acataba que como títere a su capricho su pareja la manejara.

Ella, sin rechistar padecía que su pareja le metiera mano cada vez que a él le apetecía. Y con su cara pálida y servicial comportar, la joven sentía hasta en sus mismas entrañas el arbitrario tejemaneje que Luigi de ella hacía, mientras que éste, pura sangre latino y buscador de continuos amoríos, satisfacía sus verdaderos deseos en otras externas y extrañas faldas fuera del común hogar.

Los lugareños de la comarca, zona por la que frecuentemente esta pareja por lo general se movía y además habitaba, se aglutinaban para observar las reñidas conversaciones que Luigi y Antonietta mantenían, discusiones estas, que a veces eran interrumpidas por los asistentes ya que incluso aplaudían y sonreían, ante la perplejidad y la fija mirada de ella.

Este mujeriego caballero, que se hacía el gracioso haciendo chistes y bromas sobre su pareja ante esta concurrida masa de pobladores del lugar para divertírlos con unas sonadas disputas, también tenía que escuchar cómo Antonietta en estas peleas dialécticas ponía su propia guinda, pues a estos burlescos comentarios de él, eran contestados por ella con hirientes mofas sobre Luigi. Y es que a la enclaustrada vida que la ingenua Antonietta llevaba, respondía ella con toda su verborrea desahogándose por esta inmerecida reclusión en las pocas oportunidades en las que él por el exterior la sacaba, sitios por los cuales ésta, casi pintada como un payaso y vestida de colegiala por él era exhibida.

Antonietta, con su carmesí cara, pelirrojas trenzas, singular voz que parecía salida de ultratumba y pecosa nariz, mantenía siempre un aspecto fresco y juvenil que nada hacía adivinar el aislamiento en el que se desarrollaba su particular vida, pues sus dicharacheras palabras pronunciadas en público no eran sabiamente entendidas por el respetable, sino que eran tomadas sólo como simpáticas replicas a las chulerías de Luigi.

Pero su graciosa media lengua enmudecía, cuando a solas compartían las aburridas horas de la hastiada vida que padecía en el hogar. Y a los frívolos tocamientos que sufría de él, ella lacia y muda se comportaba, como respuesta a estos caprichosos manoseos y utilización de su pareja.

Ella le veía partir -por la tenoria vida que él llevaba- de la común estancia que compartían en busca de otros brazos que le pagasen por su donjuanesca pinta con algo más que sentidos abrazos, mientras la triste Antonietta cabizbaja se quedaba en su particular habitáculo, recordando a la habitual concurrencia y a sus incomprensibles aplausos. Aún así, sus ojos no eran capaces de derramar por él, la más mínima lágrima.

Y harta de seguir en esta vida siendo un pelele en manos de su pareja, fantaseaba la joven Antonietta con el sueño irrealizable de dejar de ser del ventrílocuo Luigi… su muñeca.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Una mente sola, y dos corazones culpables

Varios especialistas en la materia me han venido a confirmar, que casi todo de lo que últimamente me está ocurriendo es por culpa ni más ni menos que de mis dos corazones. ¡¡Sí, habéis leído bien!!

Una minuciosa y detallada información he recibido, de que a una pequeña parte de la población nos pasa lo mismo, pero que por ignorancia e incredulidad culpamos de esas inquietudes, molestias, achaques y sobresaltos a otras diferentes patologías.

Entre blancas salas hospitalarias y un equipo puntero de profesionales, he sido junto a otros pacientes, examinado con moderna tecnología a innumerables pruebas rodeados de todo tipo de cables y con maquinaria de última generación. Y en mi caso como también en algunos otros, se ha llegado a la conclusión de que los altibajos que he tenido en los últimos tiempos, parece ser según los expertos y por los estudios realizados, que eran debido a los efectos que estos dos corazones estaban provocando en mí.

Con un corazón a cada lado pero una sola mente para coordinarlos, controlarlos y atenderlos, se confunden de vez en cuando sus misiones quedando la cabeza alterada en más de una ocasión por el desorden que estos enredos origina. Los dos ejecutan semiacompasados sus movimientos obligados, y mientras que uno de ellos se contrae y sistola, el otro diastola y actúa. Y esta peculiar pseudo-sincronización de ambos, es el resultado de mi singular y actual estado vital.

Cada uno de estos corazones posee sus clásicos tres segmentos, los cuales, operan individualmente desarrollando su necesaria y eficaz misión de indispensable engranaje de estos auténticos núcleos.

Con la coordinación mental necesaria, mientras que el corazón derecho se centra en temas tan diversos como: el NIÑO, el PULMÓN, el HIPO, el PUÑO, el HOY, etc., el izquierdo atiende a: la CASA, las FRASES, el TRAGAR, la DESTREZA, la FE o el BESAR, por ejemplo. Pero si quiero reparar en: el MAÑANA, el AYER, la SIESTA, el CARIÑO, la LEALTAD, la AMISTAD o el AMOR, debo además de poner los cinco sentidos en ello, emplear simultáneamente mis dos corazones.

Algún que otro profesional del tema me ha aconsejado, que en este mi particular peregrinaje por la carga de esta extraordinaria patología, me deje llevar sin temor alguno por el quehacer de estos dos auténticos motores. Máquinas estas, que tantas sorpresas últimamente me han dado, y que también tengo que admitir, que son las responsables de algún que otro reproche, contrariedad, desengaño y decepción que he generado, quedándome en estas ocasiones y por partida doble, con el corazón en un puño.

He preguntado con toda la curiosidad del mundo, si podría trasplantar o donar alguno de estos corazones en caso de necesidad, pero me han asegurado casi al cien por cien, que dadas las particulares características de éstos, la complejidad que llevaría el asunto, los probables rechazos y las cuantiosas incompatibilidades, harían de ello una operación poco más o menos que inviable.

Singulares dos corazones que son los culpables -y nada de a escondidas- de la vivacidad que en la actualidad presento, como también tengo que decir, que sus complementarios palpitar son a la vez tan independientes, que noto como si hicieran cada uno por sí vida propia. Estos ingenios, han sido los desencadenantes de unas actitudes y unas conductas más propia de una mente trastocada que de un voluntarioso carácter. Y es que las acciones de expansión y contracción de éstos ejecutando los mandatos que les hace llegar el sistema nervioso central, han originado por mi parte unos estados de arrojo y osadía, que algunas veces he sido difícil de entender.

Con una arritmia tan particular por la desordenada frecuencia de sus pulsaciones al no guardar ésta ningún tipo de patrón, hacen que esta anomalía y sus espontáneos impulsos eléctricos no sean detectables con los instrumentales clásicos, y que solamente con tecnología de vanguardia se pueda descubrir esta extraordinaria alteración. Es por lo que me he visto monitorizado en estos acogedores centros hospitalarios, controlándoseme las consecuencias de tan extraño e indomesticado pulso.

No por esta doble posesión soy mejor persona, ni tampoco peor, claro está. Lo que si soy es un privilegiado comparado con otras muchas, pues, una vez analizado con toda rigurosidad mi estado me han corroborado, que si por las circunstancias que fuera uno de estos corazones me dejara de funcionar, no tendría nada que temer, pues la autosuficiencia individual de cada uno me permitiría seguir adelante, aunque eso sí, echándole a la vida algo más de dilación y parsimonia.

Con más corazonadas que otros, estos estímulos son transformados en acciones incitadoras de réplicas, respuestas éstas, que guardan concordancia ni más ni menos que con le que digo, con lo que escribo, con lo que pienso y con lo que hago. Quedando constatado, de que esta situación que me han descubierto -la cual estoy asumiendo y aceptando- ha cambiado mí rol de vida personal, en la que disfruto de ciertas ventajas y también por ella, corro mis propios riesgos.

Y con la mano en el corazón, o con el corazón en la mano -tanto monta, monta tanto- quiero que sepáis: que aunque hay quienes tienen que utilizar todos los dedos de sus manos para en el teclado divulgar sus ideas y pensamientos, yo me basto y me sobro para hacerme entender de sólo de dos de estos dedos, de mis dos corazones.

viernes, 22 de octubre de 2010

INOLVIDABLE DESPEDIDA DE SOLTERA

Una adolescencia rebelde y contestona, y una juventud inconformista y errante hicieron de Elena una mujer con vigoroso temple. Pero a la vez, seguía manteniendo una innata sensibilidad.

Su pronta emancipación familiar, la llevaron a ejercer labores durante varios lustros en las más diversas ocupaciones. Lo mismo limpió escaleras de comunidades, como cuidó de niños y ancianos. Así mismo, sirvió mesas y ayudó en cocina de bares, y también atendió tenderetes ambulantes.

Mujer de difícil acceso, no abrió su corazón al amor hasta inaugurada su cuarentona edad. Pero esta larga espera no fue para nada en vano, pues su conquistador caballero fue el príncipe azul que ella siempre deseó. Y de esta sentimental relación afloró su único y hermoso retoño.

Elena era una mujer como tantas… trabajadora por partida múltiple, pues al desempeño de su profesión actual en una contrata de limpieza, debía sumarle además, las arduas tareas de ama de casa, de esposa y de madre de una pequeña de ahora tres añitos de edad.

Cuarenta y cinco años contemplaban a esta dichosa señora, que felizmente compartía su vida con su querido marido y su hija, formando entre ellos un inseparable y dichoso trío que iba levantando pasiones de envidia sana y admiración por todo su alrededor.

En los últimos tiempos desde que nació su hija, no había frecuentado salidas con sus amistades, pues volcada al cien por cien a la crianza y cuidado de la niña, salvo el horario de su necesario trabajo y algunas horas de guardería de la pequeña, no había habido otros momentos de separación entre ambas, y menos aún, para salir de marcha con amigas o conocidas.

En las últimas semanas le estaban proponiendo un grupo de compañeras de trabajo, que se sumara junto a ellas a una despedida de soltera que le andaban organizando a una amiga en común, pero en repetidas ocasiones Elena a tal ofrecimiento había dado la negativa como respuesta. No quería retirarse de su hija por el disfrute de unas amenas horas de chácharas y copas.

Llegado a oídos de su marido tal situación, no dudó este ni un momento de animarla a que se apuntara a la amistosa y fémina celebración. Durante varios días estuvo él alentándola para que se decidiera a asistir a la fiesta, dejándole entender que no solamente tenía su apoyo, sino que además le resultaría beneficioso a ella aprovechar el evento de reunión y diversión para despejarse un poco durante ese ratillo de esparcimiento.

Terminó su pareja por convencerla y casi a regañadientes aceptó acudir Elena a la organizada despedida de soltera de su amiga. No sin antes, hacerle prometer a su esposo, que la llamaría si hiciera falta durante la fiesta en caso de que la niña para algo la necesitara.

Bastante numerosa resultó ser al final la asistencia a la amistosa celebración de despedida de aquel viernes antesala del venidero enlace. Y a vespertina hora comenzó la festiva gala femenina, para evitar que se prolongara de madrugada.

La organizada fiesta transcurrió por los habituales derroteros en los que suele derivar este tipo de reuniones. Los lingotazos, cánticos, bromas, cubatas, aplausos, chistes, consejos, whiskys, risas y demás licores, se intercalaban entre algún que otro picante espectáculo. Y fueron estas bebidas alcohólicas, circulando a un vertiginoso ritmo por todas direcciones, las que se convirtieron en las auténticas protagonistas de la festiva velada.

Una de las primeras en ausentarse de la reunión fue Elena, pero no sin antes haber disfrutado de lo lindo de una cuantas copas en este inolvidable homenaje de despedida de soltera.

De regreso al hogar familiar, con la noche ya encima, y con los reflejos afectados por la ingesta de alcohol, conducía distraídamente su vehículo con las luces apagadas, descuido por el que arrolló en un despintado paso de peatones, nada iluminado y escasamente señalizado, a un viandante que la calle cruzaba y que en los brazos algo portaba.

Al darse cuenta del atropello cometido y asentir su responsabilidad por el despiste -producto del estado de embriaguez en que se encontraba- fue tal el terror que le vino, que tras un primer momento de frenada para echarse abajo del coche y comprobar lo ocurrido, se echó atrás de esa primera intención y reinició la marcha a toda velocidad para desaparecer y quitarse de en medio cuanto antes. El enorme miedo que le atenazó y el reconocimiento de culpabilidad, hicieron que no empleara la sensatez de apearse para auxiliar a los posibles accidentados.

Lo que en esos instantes más deseaba en este mundo y de todo corazón, era llegar a su casa para confesárselo a su marido, echarse a llorar, y sobre todo, besar y abrazar a su hija.

Al llegar a su domicilio, inesperadamente se encontró la casa a oscuras y con la ausencia de sus seres queridos. Parece ser que el marido, al comprobar que a la pequeña le empezó a subir la fiebre y que no paraba de llorar, decidió en vez de importunar a su mujer en la fiesta, marchar con la niña a urgencias del hospital más cercano. Lugar al que no consiguió llegar, pues la fatalidad de unos adversos elementos y una imprudente conducción, hizo que segara sus vidas mientras cruzaban un paso de peatones.

lunes, 2 de agosto de 2010

MERECIDOS INSULTOS

Qué equivocado estaba yo aquel día, al creer que sería una mañana tan rutinaria como las de siempre. Después de mi toma cafetal mañanera, del reducido andante paseo por mi cotidiano circuito callejero y de mi acostumbrada compra de la prensa, al salir de este papelero establecimiento y encaminar la marcha con mi periódico debajo del brazo para enfrentarme a las obligadas tareas y quehaceres familiares, comencé a oír unas voces que procedían de detrás mía y que en voz alta me decían:

-¡¡Oye Francis, contigo me quería yo dar!! ¡¡Haber si tienes capaz ahora de decirme esas cosas a la cara que vas por ahí contando de mí!!

No me atreví ni a mirar atrás. Mi sorpresa fue tan mayúscula, que mi artrosis cervical se agravó por momentos, hasta el punto de impedirme girar lo más mínimo la cabeza con lo que descubrir, esa voz bronca -parecía que era de mujer- a quién correspondía. Además, el desconcierto se apoderó de mí, y mi caminar más que reducir su velocidad y parar, inconscientemente aceleró su ritmo, como el que quiere poner pies en polvorosa porque tiene mucho que esconder.

Mientras continuaba con mi valiente huída, pensaba que podría ser cualquiera de esas tantas enemistades que en los últimos tiempos a pulso he conquistado. Pero con gran notoriedad seguía vociferando la señora, regalándome todo tipo de improperios mientras que yo, echaba más cuenta de las personas con las que nos cruzábamos y de cómo boquiabiertas se quedaban al oír y presenciar el espectáculo que entre esa mujer y yo estábamos montando, que de descifrar o averiguar quién podría ser y a qué razón de las tantas posibles se debía, la exhibición que esta me estaba por la calle armando.

La curiosidad de saber quien era, no superaba la necesidad de escapar de tal trance, por lo que continué mi diligente recorrido como enemigo derrotado que se bate en retirada y, como si la cosa no fuera conmigo.

-¡¡Escúchame sinvergüenza!!

Me chillaba una y otra vez la susodicha mientras continuaba su atroz persecución, y me exigía a voces que diera la cara ante ella para decirme unas cuantas cosillas. Parece ser que no tenía bastante con el despliegue de insultos que me había obsequiado en tan sólo unos momentos. Creo que la retahíla de sus “halagozos gritos” se oía a cientos de metros a la redonda.

Íbamos sinuosamente sorteando por terrazas de bares, las mesas y sillas de los desayunantes clientes de la mañana, que atónitos observaban nuestras atinadas y regateadas maniobras, al esquivarles en nuestra competida carrera.

Llegué a la certera conclusión de que sería una mujer por el ruido de sus tacones durante su persecución, aunque la verdad, más bien parecía el sonar de las herraduras de un caballo desbocado.

Haciendo oídos sordos a los calificativos con los que mi pertinaz perseguidora me iba agasajando, me lamentaba enormemente, lo lejos que esta vez tenía mi vehículo aparcado.

¡¡Canalla, Francis, que eres un canalla!!

Me repetía durante su acoso, en el que casi sentía en mi cogote el jadeo que desprendía y, que acompasado a mi dificultosa respiración, formábamos un dúo de cansinos seres, en el que ninguno se quería dar por vencido.

Cuando estaba a punto de alcanzarme, atisbé en el horizonte el paradero del coche, con lo que sentí de momento un cierto alivio, y sacando fuerzas de flaquezas incrementé un poco más si cabe mi heroica fuga. Pero no atinaba durante la acelerada marcha a dar -entre el manojo de llaves que siempre suelo llevar- con la del automóvil para ir dándole al mando a distancia que apertura sus puertas y así, ir ganando tiempo para cuando a su altura llegara, prontamente dentro de él poderme refugiar.

Sufrido e interminable se me estaba haciendo el ya reducido trayecto hasta mi objetivo, en el que ya, apenas llegaba ni a entender los adjetivos de sus ofensas por el vocerío con que esta sola mujer me estaba agasajando.

¡¡Gentuza, eso es lo que eres!! ¡¡Como te coja te vas a enterar Francis!!

Es lo que llegué a descifrar entre tanto halago supuestamente merecido antes de conseguir alcanzar el automóvil, en el que me vi tan rápido dentro de él, que más bien parecí un fantasma atravesando su puerta, pues para nada recuerdo el haberla abierto.

Ya en el interior y agazapado en el coche, con la cabeza gacha y con un vistazo de reojo a la acera por donde me seguían, contemplé cómo mi tenaz perseguidora pasaba de largo ignorándome y sin hacerme el más mínimo caso, mientras continuaba propinando su sarta de insultos a través de su teléfono móvil.

miércoles, 30 de junio de 2010

MI AMANTE SECRETA

Saltándome las normas más básicas de la caballerosidad, y aprovechando de que soy todo menos un Señor, voy a desvelar uno de mis grandes y mejores guardados secretos, que es nada más y nada menos, que mi relación oculta con una tenaz e insistente Amante.

En infinidad de ocasiones le he dicho que No, pero por más contundentes que han sido mis negativas, me ha continuado acosando como el primer día en que nos conocimos. Antojada conmigo desde hace ya algún tiempo, me persigue y hay momentos, en los que se convierte casi en mi propia sombra. Y aunque emplea todos sus encantos en su seducción, de momento no he caído hasta el fondo de sus acogedores brazos. Aventura amorosa que no he culminado, pero con la que he tonteado.

Siempre ha intentado aprovecharse de mí, porque aunque conoce mi comprometido status, también de sobra sabe, de mis flaquezas y debilidades. En innumerables ocasiones -a escondidas por supuesto- nos hemos visto y hemos mantenido trascendentales e inacabables charlas en las que casi siempre, debido a mi influenciable condición, he estado a punto de caer en la fascinación que me provoca su embrujo.

No puedo negar, que sus promesas de consuelo y de acogimiento, me han hecho más de una vez titubear con mis sentimientos, y que a mis familiares y demás, les he llegado a traicionar y decepcionar.

Su melena tapada por su de siempre en la cabeza ceñido pañuelo, y su cuerpo envuelto entre desajustadas prendas, forman una incógnita más, de esas otras tantas interrogantes que ella siempre me produce. Y es que por supuesto desconozco su desnuda figura, porque aunque insistentemente su silueta se me insinúa para que caiga entregado a su atractivo talle, mi resistencia triunfa a tal sugerente entrega.

Con una voz femenina poco definida, más bien neutra diría yo, me embeleza con sus ofrecimientos y, cautiva mis sentidos con sus hechizadas y sugestivas ofrendas. Aparece y desaparece en mi vida a su antojo, se instala a mi alrededor durante un indeterminado tiempo, hasta que comprueba que no me dejo convencer por su lindeza y su coquetería. Aunque tengo que reconocer, que sus cautivadoras invitaciones hacen que me tambalee frecuentemente en la cuerda floja.

No se como lo hace ni como se entera, pero la cuestión es que su apariencia coincide siempre, con los más bajos de mis anímicos momentos, queriéndome dar cobijo y ofreciéndoseme en su más álgido esplendor. Hay veces que su atosigamiento y persecución, con su amparo y consuelo, me provoca verla y sentirla como la panacea a todos mis males. Como también hay ocasiones, en las que sin verla siento su presencia, vigilante y acechadora, esperando el más mínimo traspiés en mi vida, para volver hacer su reaparición como remedio a mis problemas y dificultades.

Proyecciones de películas hemos visto juntos a escondidas en salas de cine de otras localidades, así como largos paseos hemos compartido tanto por orillas costeras, como por alamedas de vecinas ciudades. Estos desleales devaneos con ella -creo que lo ha intentado ya todo conmigo- no han llegado a más, porque yo no he querido. Encuentros estos, que nada tenían de improvisación, pues eran minuciosamente estudiados y calculados.

Sonadas polémicas hemos tenido en estas apartadas reuniones, pues no puedo negar que también he padecido en esta aventura, muy destacados y enfrentados puntos de vista con ella, en los que las grandes discusiones lo mismo las hemos mantenido llevándola de acompañante en mi vehículo, en el mirador de una catedral, navegando por la bahía, o incluso también durante nuestros apasionados y habituales paseos junto a la vía férrea. Y las trascendentales decisiones adoptadas por mí en estos infieles filtreos, parece ser que han sido hasta ahora, las acertadas y correctas para estos amorosos titubeos.

Tengo que admitir, que es una admiradora inagotable y obstinada como nadie. Y que únicamente me deja en paz, cuando admite su derrota por mis tibios pero frecuentes rechazos, dejándome tranquilo por lo menos, durante una nueva y corta temporada. Como también tengo que confesar, que incontable han sido las veces, que me han venido muy bien, sus desahogadores abrazos y sus alentadoras palmaditas en la espalda, así como también, sus hombros en los que poder llorar mis penas.

Dado que admito y se, de sus multibígamas relaciones, desconozco que es lo que puede haber visto en mí, e ignoro porqué se ha fijado mi persona como objetivo de sus deseos y, las razones que le han llevado ha encapricharse conmigo, como también dudo, de sus verdaderas y sanas intenciones en esta turbulenta relación, en la que en algunos momentos me han llevado casi a la locura.

Pero no puedo por más, que confesar las traiciones que he cometido con los míos y admitir los engaños que he llevado a cabo con todos, cargando pues por ello, con las lógicas secuelas que he provocado en mi entorno con estas hipócritas actitudes. Desatinado pseudo-romance este, que pocas alegrías me ha dado, y que mil y un disgusto desgraciadamente con mi gente me ha creado.

Y aunque para nada Ella se da por vencida, ya le he dejado definitivamente claro, que quiero dejar de seguir siendo…el Amante secreto de la Muerte.

martes, 8 de junio de 2010

La apasionante aventura de vivir en pareja. (II)

Continuando con mi particular anecdotario de vida en pareja, no me puedo olvidar cuando Ella, con sus “indirectas” de que estoy gordo, me amenazó y me obligó un día a que hiciera footing. Para lo cual, me compró en el mercadillo de los gitanos un chándal rojo con las mangas blancas, con el que parecía yo el personaje del logotipo de la Cruzcampo.

Para no llamar mucho la atención, salí al día siguiente a la calle estrenando mi deportivo atuendo a las siete de la mañana. Pero mi osada intención que era darle toda una vuelta “corriendo” a la barriada se frustró, porque un maldito y “gigantesco” perro yorkshire de casi treinta centímetros que andaba suelto, salió corriendo y ladrando tras de mí, y me obligó a darle no una sino dos vueltas a todo mi bloque. Al final, creo que la risa que le provocaba al perro mi carrera y mi aspecto, fue determinante para que desistiera de su persecución, ya que el pobre animal no podía correr, ladrar y reírse de mi…todo eso a la misma vez. Eso si, tal carrera “maratón”, me provocó una más que ganada semanita en la cama de descanso y de dolores por las correspondientes agujetas.

Con mi actitud derrochadora como siempre, compré por Reyes del 2008 un roscón y lo troceé en varias partes guardándolas en el congelador. Desde entonces, anualmente saco un par de trozos por esas señaladas fechas. Y ya tengo ganas de que me toque la figurita de una vez, que me hace mucha ilusión. Aunque no se, todavía tengo roscón para varios años y seguramente le tocará a Ella la sorpresa, después de mi larga espera y fuerte inversión.

Nosotros somos una pareja bien avenida, civilizada y moderna, y no nos peleamos por cualquier tontería. Solamente discusiones trascendentales como: quien entra primero al cuarto de baño, quien se levanta a abrir la puerta, quien se lee primero el horóscopo del periódico, quien acude al teléfono, quien baja a tirar la basura, quien maneja el mando del televisor, etc., son las que nos obligan a tirarnos los trastos a la cabeza. Yo en concreto, utilizo en estas nuestras batallitas…cojines y almohadones, pero Ella, que con lo que le coja me lo lanza…debo de tener cuidado cuando la saco de quicio y la provoco.

De verdad creo, que lo más complicado que hay en la vida es comprar pañales. Cuando me mandó -ordenó- Ella la primera vez a comprarlos para nuestro hijo, me dirigí a Carrefour con intención de pasar lo más desapercibido posible, por ser aquello una gran superficie. Por allí andaba yo perdido, en aquella calle repleta de paquetones de absorbentes bragas de todos los tamaños, imágenes, marcas, tallas y colores. Y no tuve yo otra mejor idea, que acercarme a una trabajadora reponedora que merodeaba por los alrededores para preguntarle…¡¡Por favor!! ¿Me puede usted indicar cuales son los pañales de niñas y cuales los de niños? A la pobre muchacha se le desencajó la mandíbula de abajo del ataque de risa y, aún anda el Carrefour tras mía, para que le indemnice por los ocho días que estuvo la joven de baja laboral.

Y simpática mi mujer lo es un rato. La vi en el salón un día haciendo punto, con lo que quise yo aprovechar para hacerme el gracioso y le dije... ¡¡Qué, haciéndole una faja a la foca de tu madre ¿no? A lo que Ella con su gracia me contestó…¡¡No!! Estoy afilando estas dos banderillas… para ponérselas a un toro que yo conozco. Y es que tiene un salero…la hija de su madre.

Me tiene Ella sometido a un marcaje, con el que apenas me deja ni respirar. No quiere que pegue los chicles debajo de la mesa, no me deja que me urda en la nariz mientras estamos comiendo, protesta si me meo fuera de la taza del wáter, se enfada porque vaya escupiendo por el salón, me tiene prohibido que en las paredes del cuarto de baño pegue los mocos, o sea, que un hombre hecho y derecho como yo, no puede disfrutar de los auténticos placeres de la vida.

Me encuentro sorprendido de que no pierda unos kilitos habiéndome quitado mi mujer de comer pan, porque no creo que tenga nada que ver, la bolsa de picos que me zampo enterita en cada comida, ni con el par de donuts y el bollicao que diariamente a escondidas por la calle me como. ¡¡Y es que a mi sufridora, la tengo la mar de contenta!!

Pero tiene mi mujer dos grandes "defectos". El primero de ellos, es que siempre en todo quiere tener la razón. Y el segundo y más preocupante, es que encima... la tiene.

Es verdad que algunas veces parece que no se donde tengo la cabeza, por que en más de una ocasión cuando me ha pedido Ella que le lleve un café, “sin darme cuenta” en vez de echarle azúcar, le he echado sal. Y también que la última vez que la llevé la médico, regresé dejándomela allí olvidada.

Pero eso si, tengo unas atenciones con mi mujer…que yo mismo me sorprendo de tanta galantería. Creo que mi mujer ha tenido una “suerte loca” al darse conmigo, la verdad.

Sin ir más lejos, hace poco tiempo que me dijo un día a media mañana -como la que lanza un globo sonda- ¡¡Tengo capricho de comer chocolate!! ¡¡Si alguien tuviera la delicadeza de regalarme una caja de bombones lo agradecería!! Ni corto ni perezoso me faltó tiempo a mí y, cuando bajé a las nueve de la noche -del mismo día- a tirar la basura, me acerqué a la tienda de la esquina y le traje su correspondiente paquete de conguitos.

¡¡Que suerte tuvo Ella en la vida…de fijarse en mí!!

sábado, 8 de mayo de 2010

AMOR ROTO

Una cómplice pero tristísima mirada, se intercambiaron por última vez aquellos enamorados, cuando a él, junto a otros compañeros a la fuerza le reclutaron. Ojeada, con la que se despedían unos seres que se atraían, pero que hasta el momento nunca se hablaron. Y cargados como bestias en aquel camión, fueron transportados camino del Frente, aquel atardecer de primeros de Septiembre.

Estos consabidos y silenciosos pretendientes, llevaban tiempo de forma recíproca cortejándose a media distancia y, era Vox Populi en el entorno, de los sentimientos que ambos reservadamente se dedicaban.

En ese ultimo vistazo a su joven amada, observó como ella, con su traje de grandes lunares, desconsoladamente rezumaba una enorme pena, pues esas obligadas y secuestradas partidas siempre mal acababan y, de ellas nunca se regresaba.

Estos jóvenes, con sus avergonzadas y sensibleras pasiones, se reservaron vírgenes para el venidero mañana, sin que ellos contaran, con que una zancadilla del destino sesgara su incorpórea relación y, que con su idílico porvenir terminara.

Se hizo la noche y se escondió la traidora luna, con lo que desde ese vehículo de carga, no se divisaba la más mínima sombra. Y el anochecer puso en marcha ese transporte, por las sendas pedregosas de sus vecinales alrededores.

El forzado escuadrón presentía en su éxodo, cómo las flores nocturnas que solían abrirse durante la noche, se mantuvieron cerradas ese crepúsculo en señal de anticipado duelo, por el paso ante ellas de los más que previsibles futuros difuntos.

El silencioso y tortuoso viaje duró toda la madrugada y parte de la mañana, al final del cual, les llevaron a una especie de cuartel, mientras esperaban su turno de batalla. Guerra en la que ni querían participar, ni en la que ellos se alistaron.

Le colgaron a cada uno unas insignias como distintivo para diferenciarles supuestamente del enemigo. Y al toque militar de corneta, iban desfilando de uno en uno, por aquellas cubiertas trincheras que más bien parecían catacumbas por el sepulcral ambiente que por ellas se respiraba.

Cuando al consabido joven le correspondió entrar en combate, atravesó de punta a cabo las escarbadas zanjas que le llevaron al campo de batalla. Este descampado aparentemente desértico, escondía tras su extraño perfil, innumerables enemigos que a su paso le salían de detrás de unas artificiales tapias.

Pertrechado con su reglamentario armamento se dispuso a enfrentarse a sus adversarios en la contienda. Infantería esta, que tanto a caballo como a pie, con fraudes, trampas y todo tipo de armas y artimañas, de él se jactaban y una y otra vez lo herían durante la batalla.

Unos pobladores lugareños, desde una distante y protegida atalaya, se mostraban impasibles ante el acribillamiento al que estaba siendo sometido el obligado contendiente, en una desigual lucha, que más bien parecía corresponder, a una auténtica emboscada.

Con unos supuestos himnos de guerra, acompañaba el enemigo estos combates en los que siempre cobardemente, era afligido por la espalda. En pocos momentos quedó mal herido y casi sin fuerzas, pero como se resistía a doblegarse ante el enemigo, este, sirviéndose cobardemente de un señuelo, le atravesó con su bayoneta.

Herido de muerte, con un balanceo de su cuerpo desafiaba a sus oponentes manteniéndose en pie y, mientras se desangraba por la nariz, por la boca y por la espalda, otro enemigo -queriéndole dar el tiro de gracia- a traición le clavó su machete en la nuca. Hecho este, que le seccionó la cerviz e irremediablemente le obligó a postrarse ante los bélicos contrincantes.

Los vecinos moradores que contemplaron el desigual combate, reclamaban con unos moqueros al General de la milicia ganadora, que mutilaran al derrotado obligado guerrillero y, que varios apéndices a este le amputaran.

La caballería del ejercito enemigo, exponía su exánime cuerpo en señal de victoria y poderío.

Y al pobre joven, en esa vergonzosa exhibición de rival abatido, vencido y mutilado, se le adivinaban dos ríos de lágrimas de sus amplios y descubiertos ojos. Lágrimas, que no eran solamente del dolor y de la humillación a que le habían sometido, sino del recuerdo que en los últimos momentos de su vida a la mente le vino, de aquellos campos, prados y dehesas, por los que tanto corrió y jugueteó con sus compañeros. Terrenos estos, en los que conoció a su callada y silenciosa joven amada. Amor roto, de una vaca y un toro.

martes, 13 de abril de 2010

TAL DÍA COMO HOY

Tal día como hoy 13 de Abril, pero lunes de resurrección del pasado año 2009, la Diosa fortuna me llevó al Centro de Adultos para iniciar el segundo ciclo del cursillo de informática, con la intención de avanzar un poco más en este campo que era y sigue siendo tan complejo para mí, como el primer día.

A estos cursos para personas adultas acudimos por los más variados y diversos de los motivos, como: para ocupar tiempos muertos, para satisfacer las ansias de aprender lo que de joven no se pudo o no se logró, para relajarse de tantas horas en el hogar, para buscar amistad o compañía, por compromisos, para intentar poner en marcha ese ordenador que tenemos en casa, para cambiar de rutinas, para superarse a si mismos, para no ser menos que el vecino o el amigo, por fines psicoterapéuticos, para intentar engancharse a las nuevas tecnologías, para relacionarse, para no quedarse anquilosados en el pasado, para acceder a enseñanzas que no existían en nuestra época estudiantil, etc., etc., etc. Yo en concreto, no acudí por ninguno de estos motivos. Bueno en verdad si, pero está enclavado dentro del segundo etc.

Escasamente fueron dos meses de enseñanza, a dos días por semana, y de dos horas de duración por clase en cada una de las jornadas. Pero de una activa y atrayente actividad desconocida por mí, durante las anteriores épocas de mi vida.

Allí recalamos una docena de Adultos, todas Mujeres excepto yo, formando entre todos, un reducido pero bien avenido grupo de respetuosos compañeros.

Al finalizar el curso, nuestro Amigo y Maestro Juan Rincón, nos convocó a un desayuno de despedida, para más distendidamente que en clase -que ya era difícil- compartir conjuntamente unos minutos de conversación, de relax y de amistad. Y que yo, como no podía ser de otra manera, les hice a Juan y a mis compañeras el desagradable feo de no asistir.

Durante el reducido tiempo que duró el cursillo, forjamos una amistosa relación, no en clase -ya que no teníamos recreo- sino a través del blog, sobre todo, entre algunos componentes del conjunto de alumnos, que a día de hoy todavía perdura y además, ha madurado con el tiempo y en la forma.

En el transcurso de estos pasados meses, nuestra compañera Fátima que desde un principio viajaba con nosotros en este nuestro particular viaje en tren, se ha echado abajo para desgracia nuestra, en alguna de las pocas estaciones en que este convoy ha parado. Cosa, de la que no le podemos en lo más mínimo reprochar, pues seguramente las responsabilidades familiares y otras circunstancias le haya obligado a ello, sino más bien, agradecerle el tiempo que viajó con nosotros y sobre todo, recordarle que la echamos de menos y que le enviamos un caluroso y respetuoso recuerdo. Y no podemos olvidar, cómo con las recetas de su blog “Todo Postres”, nos hacía la boca agua y nos ponía los dientes largos, cada vez que veíamos aparecer algunas de sus inolvidables y añoradas entradas sobre la exquisitez de su Dulce Repostería.

Pero pasado ya un año, quedamos de aquel alumnado grupo de compañeros “sólo” cinco integrantes del ya lejano y cercano a la vez en el tiempo, curso ya mencionado; Gelen, María Jesús, Mercedes, Rosa y yo mismo. Los cuales, mantenemos el contacto con los demás a través de los particulares blog de cada uno, en forma de entradas y comentarios. Y también si ha hecho falta en alguna determinada ocasión tratar algún asunto en privado o aclarar algunos aspectos, hemos utilizado nuestros correos electrónicos como medio de comunicación.

GELEN, desde su “Fuente de Salud”, nos ha ido informando sobre las propiedades beneficiosas que desconocíamos de muchos alimentos, de cómo elegir y saber distinguir los más apropiados, así cómo aleccionarnos de cómo prepararlos y consumirlos más adecuadamente para que les sacáramos el máximo de provecho a nuestra economía y nuestra Salud. Sus sabios consejos de utilizar o no, y de cómo hacerlo sobre algunos productos ¡¡ahí quedan!! Además, nos ha narrado una serie de fascinantes fábulas e historias, con las que nos ha explicado y aconsejado sobre la conducta y comportamiento que las personas debemos mantener con nuestros familiares y también con nuestros prójimos. En definitiva, que nos tiene bien sanos, instruidos y adiestrados con ese incesante manar de sabiduría, que no para de brotar de su “Fuente de Salud” y de la Vida.

MARÍA JESÚS, con su “Mío nada más” para que nadie ose quitárselo, nos ha relatado con una diáfana claridad, llamando a las cosas por su nombre sin buscarse rodeos de palabritas mejor sonantes con las que enmascarar la realidad, las peripecias de su cotidiana vida. A sus animales domésticos, flores, familiares y amistades, nos los ha presentado. Con todo lujo de detalles nos ha contado sus fascinantes viajes del Imserso. Con su espontáneo estilo, plasma la verdad de los sucesos con un envidiable desparpajo que ya quisiéramos más de uno. Y es que con el subtítulo de su blog “las cosas de María Jesús”, dio en toda la diana. Narra como nadie, los incidentes y andanzas que a diario tanto ella, como cualquiera de nosotros, debemos de afrontar como si de una batalla se tratase. Vamos, que es sin más rodeo, nuestra enviada especial y Corresponsal de Guerra.

MERCEDES, a través de sus “Anécdotas, curiosidades y otras cosillas” y con la Profesional Maestría que le caracteriza, nos ha desvelado un sin fin de Leyendas. Nos ha aclarado entre Cosillas, términos que empleamos sin saber el verdadero origen y significado de los mismos. Ha investigado para nosotros sobre Curiosidades y tradiciones para ofrecernos sus sabias explicaciones sobre estas. Su exploración de frases famosas, le ha llevado a deleitarnos con unos razonamientos de lo que verdaderamente es, una prestigiosa Académica. Nos ha recordado acontecimientos singulares de la vida de célebres personalidades. También, detalles desconocidos de ilustres famosos nos los ha revelado. Sin olvidarnos, de la intriga, misterio e interés que ha levantado siempre entre nosotros, con sus famosas Adivinanzas. Es sin lugar a dudas, nuestra inigualable Súper Maestra.

ROSA, y su blog con la misma denominación, ha expandido el Amor por los animales como una auténtica Naturalista. Ha divulgado sus experiencias particulares y sus vivencias con estos seres con un cariño, que nos ha despertado aún más si cabe, el interés por la vida animal y nuestra relación para con estas criaturas. Nos ha enseñado parte de su extensa y ajardinada flora, así como presentado a su infinita fáunica familia, tanto doméstica, como de corral, de rebaño, de granja y demás tipos. Se multiplica para atender mil y un quehaceres diarios y tiene un inagotable afán por conocer lo que de niña y jovencita no tuvo la oportunidad de aprender. Además, nos ha ofrecido una serie de crónicas visuales y escritas de diferentes signos, de veterana reportera. Y nos ha biografiado con una devoción entrañable, a un querido familiar suyo ya desaparecido, como una verdadera Humanista.

Luego, estoy yo. Un “caballero” en este particular “Juego de Damas”, que para nada me siento como infiltrada ficha de ajedrez, debido a la distinguida camaradería y familiaridad con las que ellas me tratan. Un simulacro de escritor, que con unas narraciones reales, otras no tanto y las demás, descabelladas historietas de cuentista junta letras, enmascaro y disfrazo mis deseos, miedos, ilusiones, complejos, fantasías, sombras, alegrías y tristezas, en unos textos de un blog, que más bien debiera llamarse “buzón de quejíos” y no de quejas.

Y no puedo dejar de mencionar -no sería justo por mi parte ni por la del grupo- a nuestra “anónima” CORAL. Así me gusta a mí llamarla. Es nuestra sincera y adepta simpatizante desde los más remotos comienzos de nuestros blog. Una Amiga de la infancia y compañera de juegos de nuestra camarada Rosa, que desde la lejana geografía que es para algunos de nosotros las Tierras Valencianas, en puntuales y siempre acertados momentos, ha intervenido con sus hábiles y atinados comentarios cuando lo hemos necesitado, dejando con ello su particular sello, en el que descaradamente se aprecia y se deja entrever, el cariño y la afectuosa Amistad que nos profesa. Con su resaltada Educación y disimulada Docencia, un trato exquisito y humano siempre nos obsequia. Es nuestra más leal y noble seguidora del “exterior”, y sobre todo y lo más importante, para lo que cualquiera la podamos necesitar, una fiel Amiga.

Nuestros blog son tan singulares y personalizados como a la vez complementarios y, hemos creado un grupo tan heterogéneo en sus contenidos, como idéntico en sus objetivos. Finalidad que no es otra, que la de compartir experiencias y hacerles participe a los demás, de nuestras particulares vivencias.

Nuestras entradas son tan deseadas y esperadas como necesarios e imprescindibles los comentarios que son los que estimulan y sustentan los blog. Estas publicaciones, llevan emparejada una invitación al resto del grupo a concurrir, contribuir, cooperar y participar con sus respectivos puntos de vista, diferentes opiniones e individuales comentarios, en unos encuentros virtuales que organizamos en nuestros blog como si se tratase de un auténtico coloquio, en el que no existen fechas de caducidad, ni horarios de tertulia. Y todos nos enriquecemos de la mundología de los demás, haciéndonos cada día un poquito más sabios.

Apenas nadie apostaba por este conjunto en los comienzos de su travesía y, ni nosotros mismos, podíamos imaginar que por aquí andaríamos todavía un año después. Y tenemos que reseñar, que nuestro grupo no es un círculo cerrado, pues sus puertas están abiertas de par en par para aceptar cualquier tipo de comentario y sobre todo, para acoger a quien quiera con su blog participar.

En este transcurrido año, hemos tenido la oportunidad entre todos de añorar recuerdos de nuestra infancia y juventud con los que más de uno no ha podido evitar emocionarse. Sorprendentes momentos hemos vividos en los que alguna que otra sonrisa y lagrimita ha aparecido. También ha habido sorpresas, extrañezas, incredulidad y asombros. En definitiva, que este tiempo pasado nos ha regalado una serie de emociones de tal calibre, que se nos ha hecho este año, tan vivo como corto.

Empezamos en sus comienzos con un acelerado y vertiginoso ritmo, hasta tal punto de que no dábamos abasto para publicar en el particular blog de cada uno y comentar en los de los otros componentes del grupo. Era lo lógico, pues todos queríamos aportar lo que pudiéramos para que esa novel relación de compañerismo que habíamos iniciado, no se fuera al traste perdiéndose con la finalización del curso, el paso del tiempo y sobre todo, por la ausencia de encuentros físicos. Sacábamos instantes de donde no los había. Le robábamos minutos a la madrugada. Le privábamos al cuerpo de parte de su merecido descanso. Y hasta arañábamos momentos, de la dedicación a nuestras familias.

Pero aún así, todo esto nos parecía poco con tal de contribuir con nuestro particular granito de arena, a que se crearan los sólidos cimientos de esta bloguera Amistad, que como un auténtico Castillo, entre el esfuerzo de todos hemos levantado.

Superamos como pudimos: la merma de componentes del grupo, el relajamiento del verano, la morriña del otoño y el esquivo invierno. Y ahora nos encontramos, en la floración de una nueva primavera de nuestra Amistad, que de seguro afrontaremos con unas renovadas ganas, aunque a veces nuestras intervenciones sean más esporádicas en el tiempo debido a las circunstancias que nos rodean y a las obligaciones particulares y familiares que cada uno, inexcusablemente debemos de atender.

Pero ya no tenemos nada que temer, pues nuestra relación social y nexo de unión están sobradamente consolidados y, si no nos prodigamos con intervenciones con la misma intensidad que antes, nos tenemos siempre en el recuerdo y sobre todo presente. Y además, al más mínimo momento disponible que tenemos, acudimos a satisfacer, lo que para unos es su hobby favorito y lo que para otros -entre los que yo me encuentro- su pasión, a la pantalla de este “cerebro electrónico” ansiosamente buscando posibles novedades de nuestro grupo en el correo y especialmente, en sus respectivos blog.

Lo que si creo, es que hemos cometido un “grave delito” entre todos, que no es otro, que el de convertirnos en “fanáticos seguidores” de nuestro propio grupo.

Y es que además de no rendirnos, nos resistimos a que se disuelva este entrañable colectivo. Seguiremos publicando lo que podamos y cuando podamos, porque no queremos ser una anécdota del pasado, sino una historia futura y vigente.

Estas intrascendentes notas, son solamente el resultado de un ejercicio de íntima reflexión que he realizado, intentando con mi torpe explicación describir, lo que a mí particularmente me ha parecido este año en lo referente a nuestros blog, que es el vínculo que nos une y, a nuestra Amistosa Relación.

viernes, 19 de marzo de 2010

Inevitablemente................se veía venir.

A duras penas consiguió llegar hasta el acantilado. Cariacontecido, casi a rastras y a pequeños pasos, alcanzó el límite de ese para él, fatídico prado.

Desde ese borde natural, pensaba saltar para pasar a mejor vida. Su corta historia había marcado ese devenir, siendo esa su única salida con la que poder poner fin a su nada rutilante ni fulgorosa existencia.

Echó la mirada atrás, para visualizar por última vez lo que hasta ahora había sido su forma de supervivencia, mientras pensaba y meditaba sin saber muy bien el cómo ni el porqué, de haber tomado esa trágica decisión.

Se preguntaba, cómo esos tan recientes pero acelerados acontecimientos, habían conseguido separarle de su tranquila y reducida biografía. Pero con un nostálgico semblante aceptaba su destino, sin que por ello dejara de añorar el tiempo ya vivido.

Lo que no llegaba para nada era a comprender, porqué casi a empujones las opiniones de los demás, le habían llevado hasta el extremo de ese precipicio. No conseguía averiguar cuánto mal habría él cometido, como para provocar que otros se alegraran de que hubiera tomado esta determinación y de que al vacío, de un salto se arrojara.

Él, que siempre los mimos y las caricias para los demás no robaba aunque envidiaba. Él, que hasta que los otros no estaban saciados de comida, su parte si quedaba, entonces se tomaba. Él, que se jactaba de su comportamiento altruista y fraternal para con los suyos, cómo se podían todos entusiasmar, con que su suicidio sus vidas animara.

Cuánto incomprendido dolor iba a dejar atrás. Y cuántas caprichosas decisiones se iban acabar en cuanto saltara al vacío desde ese despeñado barranco.

Atrapado por la angustia que el irremediable fin que le esperaba provocaba en su joven cabeza, se balanceaba sin querer en el filo del despeñadero, debido a las corrientes brisas de aire que con su cuerpo jugueteaban.

La tristeza que le embargaba el funesto momento, le provocaba unos ríos de lágrimas que de sus llorosos ojos emanaban. Y tragando saliva para sus adentros, desataba el nudo que tenía en la garganta, que como una soga al cuello asfixiadamente le apretaba.

Especialmente, el comportamiento de sus íntimos es el que con más fuerza le había impulsado a tomar tan trascendental resolución sobre su vida. Y un rencoroso resentimiento hacia estos, reflejaba su luctuosa mirada.

Con la cabeza gacha, contemplaba el infortunado abismo que a la muerte en pocos instantes le llevaría. Afiladas piedras del fondo del acantilado aguardaban impacientes su “valentía y arrojo” de saltar, para de una vez por todas poner fin a desdicha tan amarga.

Meditaba, sobre lo corto que le había parecido su paso por este mundo. Y se consideraba, particularmente joven para esta especie de huída hacía adelante que a cabo llevaría, con la que acabar para siempre con la angustia que tanta sin razón le martirizaba.

El abandono de su reducido pero acogedor y cálido hogar, le enrabietaba hasta el punto de confundírseles los sentimientos de ira y rencor, con los de afecto y amor.

No suele ser el lógico ni esperado final, ni tampoco el comienzo de una nueva vida, pero dado que su familia estaba desengañada y desesperada porque esperaban mucho más avances de él, no les quedó a esta más remedio que conminarle, a que de una vez del precipicio se arrojara.

Sin poder contener el sollozo que le había sobrevenido en el último momento, alzó la mirada al cielo, y con un fuerte impulso contra el suelo acompañado de un instintivo golpe de riñón, se lanzó desde el filo del barranco al espacio vacío camino del infierno, quedando a merced de la atrayente gravedad, para que hiciera con él y lo trasladara, donde le viniera en gana.

Durante su caída libre cortaba el aire en dos, y antes de estriparse contra el rocoso fondo del acantilado, tuvo tiempo el joven de recordar las últimas e insistentes indicaciones de su familia, la de abrir y extender sus miembros superiores en el aire. Y haciéndoles caso de ello, desplegó sus extremidades de la parte alta exhibiendo unas preciosas alas, con las que aleteando con gran fuerza echó a volar para su grata sorpresa, en este inesperado primer vuelo de aprendizaje… de hermosa cría de pájaro jilguero.

viernes, 26 de febrero de 2010

Con este frío.........casi ni me la encuentro.

Y es que las bajas temperaturas, provocan que los pellejos se encojan sin que podamos hacer apenas nada para evitarlo.

Yo en concreto, entre que la tengo más bien pequeña, mi oronda barriga que casi no me deja verla y escondida entre tanta ropa con la que en estos tiempos nos abrigamos, es que me las veo y me las deseo para localizármela.

Me la regalaron mis padres al nacer, dicen que me dijeron que aunque de pequeño no la iba casi a utilizar, que más adelante y ya de mayor, es probable que me hiciera mucha falta. Y efectivamente, no hay día que pase, que no la saque a paseo y le de un buen meneo.

La mía en particular, con su genuino aspecto, tiene unos pliegues entre su piel que son los característicos del tiempo que ya tiene, además de su cansancio y desgaste. Pero me da coraje cuando me he comido una bolsita de cheetos, porque si me da por cogérmela, me la pringo con las manos.

A buen recaudo y bien tapadita la suelo llevar. Y no me gusta ir por ahí mostrándola si no es meramente necesario e imprescindible. Porque ya su viejo y fatigado aspecto, reconozco que no es un gozo para la vista y tampoco la alegría de la huerta.

Por la calle cuando suelo ir con las manos metidas en los bolsillos, la verdad es que sin que la gente se de cuenta, algunas veces me la voy tocando. En alguna que otra rara vez, me la han visto en los cuartos de aseos de caballeros y aunque he apreciado una sarcástica risita, para nada me he sentido acomplejado.

Nunca he deseado como otros -que llegan incluso a cambiársela por otra- tenerla más grande. Con su diminuto tamaño -que está acorde con mi estatura- me basta y me sobra con la mía para el inevitable y escaso uso que diariamente le doy. Como se suele decir… ¡¡Chiquitina pero matona!!

Con su animal olor, su carnoso tono y su adiposa textura, aguarda impávidamente su oportunidad para salir al exterior con la que mostrar sus condiciones, sus dotes y su valía. Y no ambiciono ir por ahí metiéndola y sacándola por otros lugares, la mía se conforma con su reservado, acostumbrado y particular, lugar de relax, recreo y disfrute.

A algunos hombres les encanta ir pavoneando y resaltando su paquete, en cambio a mí, ni me gusta, ni la mía tiene el volumen necesario para ello, claro. También me fastidia bastante cuando de regreso de un día de playa, la traigo toda llena de granitos de arena. Y si se me ha mojado, ni que decir como se me queda de arrugada y reducida.

Arropada entre muslos y michelines viaja conmigo a todas partes. En algunos sitios suele ser mi carta de presentación y en otros en cambio, mi postal de despedida.

Me viene ahora a la memoria, aquella madrugada cuando regresaba a casa. Con la solitaria compañía de una monumental borrachera, fui asediado por tres chicas que me intentaron atracar con navajas en las manos aprovechando mi bochornoso estado. Al escuchar la famosa frase de “la bolsa o la vida”, no tuve yo mejor idea que bajarme la cremallera y sacármela de su tranquilo refugio. Pero al exponer su penosa apariencia, más encogida que de costumbre debido al sobresalto del momento, hice desistir al trío de novatas asaltantes que marcharon corriendo y a carcajadas por el lamentable aspecto que esta presentaba.

Pero tengo que admitir -aunque se piense que peco de presumido y vanidoso- que hay algunas personas -pocas eso si- sin distinción de mujeres y hombres, que me la quieren coger.

Dado que su contenido es muy apreciable por mí y que por supuesto duerme conmigo, no dejo que le metan mano mientras entre sueños descanso. Por otra parte, le tengo dicho a mi mujer, que si me la toca, que no me la exprima tanto, que me la deja toda engurrumia.

Cuando voy a la sanidad pública el Urólogo no le echa la más mínima cuenta, pero cuando lo visito en su consulta privada, me la deja totalmente desinflada.

Como es lógico, hay momentos en los que está más abultada que en otros, pero si se pone descaradamente hinchada, para tenerla bien contenida y que no desparrame, le pongo una gomita.

Me acompañará hasta el final de mis días, aunque reconozco que su curtida piel, tan trabajada y manoseada después de toda una vida, va pidiendo a gritos que cambie ya de cartera.

viernes, 12 de febrero de 2010

Desde aquí abajo, para los de ahí arriba.

Por las cuencas de los ojos de mi calavera, aun siguen brotando lágrimas de pena.

Aquí, a metro y medio bajo tierra y en lo más profundo de esta cueva, yace mi esqueleto a la espera de que alguna escavadora perteneciente a una constructora de urbanística promoción, algún topógrafo o simplemente el fortuito destino, localicen mis conservados huesos después de más de ochenta años.

Desde este singular y subterráneo aposento, he contemplado durante todos estos años, las visitas de curiosos excursionistas, espeleólogos y de profesionales en geología, mineralogía e incluso de catedráticos en historia. Y lo que con más curiosidad escuchaba, era siempre las “sabias” explicaciones que estos, a los profanos acompañantes que le seguían les daban, sobre lo que estas tierras y piedras ocultaban.

Pero de entre todas las visitas recibidas durante estos años, la que con más festividad recuerdo fue, la que a comienzos de los años treinta realizó su majestad Don Alfonso XIII con su séquito. Un cortejo de alto linaje y de autoridades, acompañó al bigotudo Monarca de aparente enclenque aspecto, que con su bastón de apoyo y mando Carey, su sombrero Panamá, su ligero andar y su excelso vocabulario, por encima de mí pasó y paseó, sin echarme la más mínima cuenta.

Entre estas bóvedas, se han producido desde que estoy aquí innumerables e insospechados hechos, y aunque mi existencia se aproxima ya al centenario, para mi edad de trece infantiles años han sido engorrosos de comprender, como por ejemplo: malhechores que al cobijo de estas cuevas se han ocultado de su persecución y han aprovechado para repartirse el botín de sus atracos, reuniones donde se han fraguado las más innobles traiciones, íntimos amigos batiéndose en duelo por el amor de una misma mujer, etc., etc., etc., e incluso, he visto fusilar a muerte a decenas de personas. Estos últimos hechos, creo recordar se produjeron a finales de los años treinta. Y es que tengo entendido, que por esa fecha hubo aquí una guerra civil entre hermanos de la misma España.

Y es que yo, por aquellos finales años veinte y entre los silvestres alrededores de mi querida Sierra de San Cristóbal, como cada atardecer, jugueteaba con otros niños de esta descampada zona. Y nuestro acostumbrado juego del escondite, me llevó a adentrarme en esta conocida gruta, que tan asiduamente era utilizada por nosotros durante el día como lugar de recreo, descanso y guarida.

Pero en esta ocasión, no vinieron mis compañeros de juego a buscarme. Se echó la noche encima y la oscuridad reinante se apoderó de mi quedando paralizado por el miedo que el silencio y la soledad me provocaba. Era tal el terror que me invadía, que me fue imposible alzar la voz para gritar pidiendo socorro y ayuda.

A ciegas y a tientas conseguí hallar un recoveco en la caverna. Y en ese escondido, frío y oscuro rincón, me puse en cuclillas para intentar con esa posición fetal, resguardarme del fresco, del desasosiego y del pánico que se había apoderado de mí.

Así comencé a pasar la noche, con unos continuos sobresaltos por los escandalosos revoloteos y chirriantes sonidos de los murciélagos, además de unos inquietantes escalofríos provocados por el miedo y por la gélida temperatura nocturna.

Con la lógica ceguera con la que me encontraba por la falta de luz en la cueva, me desplacé unos centímetros hacia un lado intentando localizar otro lugar que me refugiara algo más de estas impertinentes aves de la noche, ya que la tenebrosidad que me ocasionaban empezó a desquiciarme la mente y hacerla vagar entre tinieblas. Pero este movimiento en falso, me llevó a caer en un -para mi- invisible socavón de esta gruta de las Canteras.

Escasamente sería metro y medio la profundidad de este foso por el que me despeñé y aunque me di un fuerte golpe en la cabeza, al poco tiempo dejé de sentir dolor. No se si fue porque me dormí o porque fallecí.

Con la primera claridad del amanecer, escuché los pasos de un par de operarios en excavaciones de este yacimiento, que se acercaban con la desgraciada intención para mí, de taponar y cubrir la zanja que dejaron el día anterior descubierta al terminar su jornada laboral, y en la que yo, infelizmente me encontraba “tumba”do.

Sin que se percataran de mi presencia en el agujero y todavía con la tibia luz del alba, procedieron con grandes rocas y tierra a rellenar y recubrir la cavidad hueca que me cobijaba, para continuar con los yacimientos trabajos de esta mi querida Sierra.

Seguramente ya andaba muerto antes de este taponamiento, no se si por el golpe recibido en la cabeza, por el frío o por las dos circunstancias. La cuestión es que para nada sentí dolor físico -más bien una gran pena- cuando despistadamente me “enterraban”.

Sobradamente, tiempo he tenido para aprenderme el mapa que compone la geografía de estas canteras de nuestra sierra, que con sus cuarentenas cuevas, sus pasadizos subterráneos, sus iluminadoras claraboyas, sus oscuras bóvedas, sus pronunciadas rocas, sus peñascosos montes y que con un sin fin de sinuosos recodos entre sus pétreas paredes, adornan estas enigmáticas grutas.

Con la compañía -entrantes y salientes a estas cuevas- de grillos, escorpiones, mosquitos, ratoncillos, arañas, gusanos y de ya mis amigas panarrias, y con la vistosidad que a su entrada les da el musgo, las higueras y algún que otro crecido helecho, con las inscripciones en sus muros e incluso algún que otro modernos graffiti, formamos una singular estampa, en la que yo -como convidado de piedra- sobresalgo, porque nada pinto en este cuadro.

Reconozco que la localización de mi esquelético cuerpo, no aportaría novedad alguna para ningún arqueólogo, antropólogo o paleontólogo que se precie, por no pertenecer este óseo armazón, ni al paleolítico, ni al mesolítico, ni al neolítico y que para datar mi antigüedad no les van hacer falta utilizar conmigo el famoso carbono 14, ya que a simple vista se puede comprobar que no pertenezco ni a la edad de piedra, ni a la de bronce, ni a la de hierro.

Pero aun soportando las cosquillas que provocarían los técnicos en recuperación de restos al despegarme con sus delicadas brochas la tierra adherida en mis conservados huesos, la verdad es, que desearía que de una vez por todas encontraran mi reumático esqueleto. Y que aunque no llegasen ya averiguar lo que fue de mi y porqué y como estaba aquí, que al menos me diesen santa sepultura. O mejor aun, que me incineraran y expandieran mis cenizas por mis queridas Playas o mis añoradas Dunas.

Para quien tenga la curiosidad de buscarme entre estas subterráneas cavidades y me quiera localizar, dando con ello término a este para mi ya superlargo juego del escondite, mis señas son: Yacimiento Cuevas Las Canteras, de este inigualable mirador de la bahía que es nuestra Sierra de San Cristóbal, entre sus entrañas, en un oscuro rincón de una de sus frecuentadas grutas, a metro y medio bajo tierra.

sábado, 30 de enero de 2010

SUSPIROS DE RENTABILIDAD

De cómo se llegó a producir, no se había determinado bien con exactitud, pero la cuestión es que había quedado demostrado, que las continuas pruebas biológicas y los ensayos químicos y nucleares durante las últimas décadas, depositaron en la atmósfera una cantidad de partículas, que ocasionaron la alteración de la vida humana en la Tierra.

Sin explicación científica coherente, las personas que poblaban el planeta, empezaron a ver alargadas sus vidas -que no sus facultades- y nuestra especie fue pausada pero ininterrumpidamente repoblando los más extensas llanuras de nuestro mundo al verse avocada por la superpoblación originada por este sorprendente acontecimiento.

El resto de la fauna animal y la flora, eran ajenas a este cambio vital que se había instalado, y poco a poco se estaba desarrollando en el aire que respirábamos. Y la ley natural -por lo general- de “vivir mientras se puede”, estaba siendo modificada por la de “si puedes respirar, puedes vivir”.

Esta metamorfosis que había sufrido nuestra vida en lo relativo a los años vividos por el hombre en nuestro planeta, estaba proporcionando edades longevas de alrededor de los 150 años. Y solo las traumáticas muertes o la aparición de enfermedades graves, eran capaces de ponerle fin a la vida de nuestra especie humana antes de la ya mencionada decrépita edad.

Lo que la humanidad siempre había deseado, que era el vivir y conocer a nuestros antepasados de generaciones más inmediatas, estaba teniendo lugar en la presente época. Todas las familias “disfrutaban” de la presencia en los hogares y en otros lugares, de estos seres queridos, y ya no solo de abuelos o bisabuelos, sino de tatarabuelos y de los padres y abuelos de estos.

Pero este modificado rol de la “vitalidad” humana, no lo fue del todo en general, ya que las condiciones y aptitudes físicas seguían como en antaño. Y al no seguir estas facultades corporales, el mismo ritmo y avance que el de la progresiva edad que se iba cumpliendo, poco a poco estos avanzados cuerpos iban quedando postrados como vegetales a la espera de que se marchitaran sus vidas, como ya sus cuerpos lo habían hecho desde hacía décadas atrás.

Los gobernantes de los países llevaban ya lustros afanándose en idear soluciones a tales problemas originados por estas longevas edades, ya que cerca del 50% de la población del planeta, se encontraba en esta fase de vida a la que se le hacía llamar “pre-mortem”. Y no llegaban a unificar criterios y posturas en este tema tan trascendental como la vida misma.

Independientemente de los asilos y residencias de ancianos, se crearon unos establecimientos de “acogidas” -horrendos rascacielos- específicamente para las personas que entraban ya en esta fase pre-mortem y que con el nombre de “paz-inerte” no eran otra cosa que unas disimuladas morgues o antesalas de depósito de cadáveres, que se gestionaban con capital público y familiar, o sea que se desembolsaba por las dos partes.

Los ciudadanos empezaron a dejar rellenos unos manuscritos, que con la diferencia al testamento vital que es el de no recibir ayudas médicas para seguir viviendo, eran estos unos documentos en los que se solicitaba le fueran provocadas una especie de eutanasia activa que les librara a ellos, a sus familiares y a la sociedad en general, del lastre que suponía estar en este estado de vida durante una cantidad de décadas que representaban casi la mitad de su existencia.

Aun así, no se atrevían las naciones ha llevar a la practica los deseos mostrados por estas personas en estos escritos de últimas voluntades, ya que ello legitimarían unas muertes forzadas, aunque de sobra se sabía, que esto aportaba una clemencia y una compasión para con estas personas que entraban ya en este periodo de vegetativo estado. Y tampoco los vivos descendientes reclamaban ni insistían de momento, que les fueran practicadas estas “generosas intervenciones” a sus peticionarios familiares.

Pero ni los dirigentes de los estados, ni los organismos internacionales, ni las instituciones humanitarias y tampoco las propias directrices y cabezas visibles de las diferentes religiones del mundo, lograban consensuar unas actuaciones que llevar a cabo para hacer un frente común con el que paliar los desajustes sociales, económicos y morales en los que se encontraba inmerso por este “problema” todo el planeta.

Más que conseguir aunar puntos de vista, lo que se había provocado más aun si cabe, era el avivar los conflictos de los estados que para nada tenían que ver con el origen de este monumental problema, con las otras potencias en población, económicas y militares. Y que siendo estas escasamente menos de diez naciones, eran los auténticos responsables y culpables de esta descompensación vital de toda la humanidad.

Se seguía abonando por parte de los estados, las pensiones vitalicias correspondientes a estas personas. Pero como se tenían que abonar el “cuidado, manutención y cobijo” de estos seres en los ya mencionados recintos, volvía a recuperar las haciendas públicas más o menos estas cantidades.

Los enfrentamientos entre familiares para hacerse cargo del cobro de estas retribuciones económicas, era lo normal en todas las familias, pues las extensas ramificaciones de descendientes aun con vida de cada árbol genealógico, hacía muy difícil ponerse de acuerdo entre tantos parientes de las diferentes generaciones para el recibo, manejo y administración de estas “apetitosas” sumas monetarias.

Las autoridades miraban hacia otro lado en este problema con respecto al comportamiento de los parientes de estas vetustas personas. Y desgraciadamente, eran estas mafias o clanes de “queridos” familiares, los que una vez realizadas las correspondientes cuentas y verificada la no “rentabilidad” económica de mantener con vida a estas pobres “momias vivientes” -porque su manutención y conservación superaban a los ingresos recibidos por ellos- los que acordaban con toda la “pena” del mundo, contratar y encargar a pseudo legales sicarios de la medicina, para que llevaran a cabo la finalidad de la vida de estos sus tan “queridos” pero ya nada rentables antepasados.

lunes, 11 de enero de 2010

La apasionante aventura de vivir en pareja. (I)

Sin haber ojeado lo más mínimo ese manual básico, necesario y esencial de peripecias, andanzas, contingencias, lances, experiencias, episodios, etc., de los que comprende las relaciones entre ambos sexos, me enrolé en este barco de convivencia en pareja, que en mi caso, tenía más vías de agua que el titanic y navegaba a la deriva sin haber aún zarpado.

Aunque mi mujer diga lo contrario porque me tiene manía, soy un autentico manitas en la casa. Ante cualquier desperfecto que se origina, enseguida le meto mano para lograr su pronta reparación. Que se funde una bombilla…llamo a toda prisa a un electricista, un grifo que gotea…aviso corriendo a un fontanero, que observo un manchón en una pared…sin tiempo que perder requiero la presencia de un pintor, que se le gastan las pilas al mando de la tele…contacto enseguida con un técnico de televisión. Y esto es solo cuatro de los infinitos ejemplos que podría poner. Vamos que… el guaperas de bricomanía a mi lado, es un simple boy scout.

Que por cierto, cuando veía con mi pareja ese programa de bricolaje, no paraba esta de decirme ¡¡Que tío más guapo, que tío más guapo!! Como queriéndome dar celos con ello, sin saber la inocente, que a mi me gustaba más que a ella ese tío tan imponente.

Eso si, tiene ella una confianza en mi, “enorme”. Como me vea coger la caja de las herramientas, le falta tiempo para decirme…¡¡Espero un poco…o voy llamando ya a Protección Civil!! Y es que es tan simpática….la hija de su madre.

Siempre está detrás de mí para que me cambie todas las quincenas de ropa, pero con mi sagacidad me localicé por cuatro euros en el mercadillo de los gitanos, una camiseta de diferente color del derecho que del revés. Así que cuando llego a casa no tengo más que darle la vuelta, para que “la intendente” me vea algo diferente y se quede ya más contenta. Y es que me quiere tanto…..

Pero con la higiene personal, no admito bromas… y mi ducha semanal -aunque haya alguna fiesta de por medio- no la perdono por nada del mundo. Aparte del diario exhaustivo aseo matinal consistente en despegarme las dos correspondientes legañas.

Ella, que me dice que estoy hecho una prenda, como tal vestimenta en una percha me cuelga cuando llego a casa para que no toque nada -me dice que por si acaso- y desde esa privilegiada tribuna, observo lo bien que barre, friega, lava, limpia, tiende, cocina, plancha, etc. etc. etc., Lastima que desde la percha no alcance yo al mando a distancia de la tele, que si no… ya sería la gloria.

A mí, que soy yo un “genio” en eso de las labores domésticas, me quiso ella el otro día tomar el pelo. Me dijo que le “doblara una camisa”, y yo que sabía que se quería chuflear de mí le contesté ¡¡So listilla, ¿tu te quieres quedar conmigo? como si no supiera yo… que eso es imposible sin manual de papiroflexia!!

Le gusta buscarme las cosquillas encargándome las misiones más complicadas. Y hace poco me dijo -o sea me ordenó- que le quitara un fregao. Después de diez interminables y frenéticos minutos luchando con el delantal, me lo conseguí atar. Y a la media hora aparece como una loca gritando ¡¡Pero que estás haciendo que sale agua por debajo de la puerta de la cocina!! Y es que no se cómo querría “la sabihonda”, que lavara toda una pareja de vasos, de cucharas y de platos, si no es dejando que con el agua y más agua les quitara los churretes a los cacharros. La cuestión es que me costó mi “voluntario” favor, una condena de dos días sin cerveza y sin televisor. Ahora, que como me puse chorreando, para la siguiente ocasión -que callaito se lo tenía “la jodía”- me pongo mis botas de agua y mi chubasquero.

Esperaba “la jefa”, que en estos días me colara por casa trayéndole un pavo. Pero como a mi me gusta sorprenderla, le traje en cambio un salchichón. Con lo que le dije ¡¡Toma… para ti sola!! Como la vi un poco incrédula, le tuve que añadir ¡¡Y como te lo termine antes del verano…te compro otro!! Y es que a ella conmigo… le ha tocado el “gordo” de Navidad.

Recuerdo ahora, que unas navidades pasadas me propuso -ya que nunca habíamos ido a ninguno y ella tenía ilusión por lo menos de asistir a uno- que fuéramos a un cotillón de fin de año, a lo que con mi usual sinceridad le contesté ¡¡Pero “cariño”, si nos sale más barato pasar esa nochevieja en casa, y lo bien que nos lo pasamos peleándonos, discutiendo y poniéndonos como los trapos!!

Yo creo, que se queja ya de vicio. Hace poco me sugirió la “marimandona” que pusiera un lavao, y como sus deseos son órdenes para mí, raudo y veloz -a las dos horas y media- me dispuse a efectuar su mandato sin demora alguna. A los cinco minutos escucho un chillio ¿Se puede saber que estás haciendo con el interruptor de la cocina, tanto apagar y encender? Y es que ya me podía haber avisado que ahí no se enciende la lavadora.

La cuestión es que no se como, pero por fin conseguí poner tan extraño artefacto en marcha. Pero como ella se tiene que quejar por todo, me volvió a gritar con todo su “amor”…!!Pero borrico, que la ropa tiene que ir dentro!!

El otro día sin ir más lejos, al llegar a casa y librarme de momento, del rutinario control antidoping al que me somete la “sargento” de mi mujer, que no es otra cosa que olerme el aliento por si he bebido antes de tiempo, me asomé como de costumbre al balcón para comprobar el día que hacía, pues yo no podía saberlo ya que venía de la mismísima calle. Y estando asomado a la mencionada terraza, compruebo que en mi camiseta llevaba adherido un pelo de mi poblada “canosa” barba, lo cogí y lo lancé a la calle para que la pequeña brisa de levante que reinaba, hiciera con él lo que le diese en gana. Al meterme para dentro de la casa y dirigirme al pasillo, me tropecé con la “benemérita” ama de casa que se encontraba barriendo, la cual se dirigió a mi preguntándome con su habitual cariño ¿se puede saber de donde vienes a estas horas? Y seguidamente me llevé mi correspondiente cepillazo, por responderle sinceramente -ya que a mi no me gusta para nada mentirle- “que venía de echar una canita al aire”.

Eso si, tengo que reconocer, que en la cama soy una auténtica fiera -y es que no tengo abuela-, porque entre los pies fríos, los ronquidos, las ventosidades, el olor a pies, los eructos, el “perfumado” aliento, los codazos, las patadas, etc., estoy hecho en la cama…todo un Animal.

Ahora llevaba un tiempo, que con todo su “amor” me estaba llamando “tigre”. Y la verdad, aunque reconozco que en la cama la dejaba “contenta”, me parecía un poco exagerada tal denominación. Por lo que cayéndoseme la baba le dije -como al que le gusta que le regalen los oídos- ¡¡Cariño yo ya se que te dejo satisfecha pero ¿no te parece un poco excesivo llamarme “tigre”?!!, a lo que me contestó con toda su “simpatía” ¡¡No hijo no, no seas iluso!! ¡¡ Lo de tigre es, para ver si coges onda, y un año de estos te cortas las uñas de los pies!!

Con la llegada del nuevo año y como es habitual, llegarán los propósitos de enmienda, las promesas, los deseos y las pretensiones en que nos embarcaremos en este anuario próximo, como por ejemplo: avanzar en la informática, las dietas, aprender idiomas, hacer deporte, etc., etc., etc. y que para nada llegaremos a culminar. Pero yo ya tengo pensado y más que meditado cuales serán mis aspiraciones para esta anualidad entrante.

En primer lugar, como mi mujer me dice que estoy gordo y no me gusta llevarle la contraria y además por dedicárselo a ella para que los disfrute con toda su pasión… me prometo coger ocho ó diez kilitos más. Por otra parte, quiero intentar -y creo que con un poco de esfuerzo lo puedo conseguir- alargar la siesta…ya que las tres horas y media que le dedico se me quedan un poquito cortas y termino cansado. Y por último, me propongo para este año, ya que se me sube a la cabeza y no paro de escribir tonterías…dejar de beber entre copa y copa.