sábado, 30 de enero de 2010

SUSPIROS DE RENTABILIDAD

De cómo se llegó a producir, no se había determinado bien con exactitud, pero la cuestión es que había quedado demostrado, que las continuas pruebas biológicas y los ensayos químicos y nucleares durante las últimas décadas, depositaron en la atmósfera una cantidad de partículas, que ocasionaron la alteración de la vida humana en la Tierra.

Sin explicación científica coherente, las personas que poblaban el planeta, empezaron a ver alargadas sus vidas -que no sus facultades- y nuestra especie fue pausada pero ininterrumpidamente repoblando los más extensas llanuras de nuestro mundo al verse avocada por la superpoblación originada por este sorprendente acontecimiento.

El resto de la fauna animal y la flora, eran ajenas a este cambio vital que se había instalado, y poco a poco se estaba desarrollando en el aire que respirábamos. Y la ley natural -por lo general- de “vivir mientras se puede”, estaba siendo modificada por la de “si puedes respirar, puedes vivir”.

Esta metamorfosis que había sufrido nuestra vida en lo relativo a los años vividos por el hombre en nuestro planeta, estaba proporcionando edades longevas de alrededor de los 150 años. Y solo las traumáticas muertes o la aparición de enfermedades graves, eran capaces de ponerle fin a la vida de nuestra especie humana antes de la ya mencionada decrépita edad.

Lo que la humanidad siempre había deseado, que era el vivir y conocer a nuestros antepasados de generaciones más inmediatas, estaba teniendo lugar en la presente época. Todas las familias “disfrutaban” de la presencia en los hogares y en otros lugares, de estos seres queridos, y ya no solo de abuelos o bisabuelos, sino de tatarabuelos y de los padres y abuelos de estos.

Pero este modificado rol de la “vitalidad” humana, no lo fue del todo en general, ya que las condiciones y aptitudes físicas seguían como en antaño. Y al no seguir estas facultades corporales, el mismo ritmo y avance que el de la progresiva edad que se iba cumpliendo, poco a poco estos avanzados cuerpos iban quedando postrados como vegetales a la espera de que se marchitaran sus vidas, como ya sus cuerpos lo habían hecho desde hacía décadas atrás.

Los gobernantes de los países llevaban ya lustros afanándose en idear soluciones a tales problemas originados por estas longevas edades, ya que cerca del 50% de la población del planeta, se encontraba en esta fase de vida a la que se le hacía llamar “pre-mortem”. Y no llegaban a unificar criterios y posturas en este tema tan trascendental como la vida misma.

Independientemente de los asilos y residencias de ancianos, se crearon unos establecimientos de “acogidas” -horrendos rascacielos- específicamente para las personas que entraban ya en esta fase pre-mortem y que con el nombre de “paz-inerte” no eran otra cosa que unas disimuladas morgues o antesalas de depósito de cadáveres, que se gestionaban con capital público y familiar, o sea que se desembolsaba por las dos partes.

Los ciudadanos empezaron a dejar rellenos unos manuscritos, que con la diferencia al testamento vital que es el de no recibir ayudas médicas para seguir viviendo, eran estos unos documentos en los que se solicitaba le fueran provocadas una especie de eutanasia activa que les librara a ellos, a sus familiares y a la sociedad en general, del lastre que suponía estar en este estado de vida durante una cantidad de décadas que representaban casi la mitad de su existencia.

Aun así, no se atrevían las naciones ha llevar a la practica los deseos mostrados por estas personas en estos escritos de últimas voluntades, ya que ello legitimarían unas muertes forzadas, aunque de sobra se sabía, que esto aportaba una clemencia y una compasión para con estas personas que entraban ya en este periodo de vegetativo estado. Y tampoco los vivos descendientes reclamaban ni insistían de momento, que les fueran practicadas estas “generosas intervenciones” a sus peticionarios familiares.

Pero ni los dirigentes de los estados, ni los organismos internacionales, ni las instituciones humanitarias y tampoco las propias directrices y cabezas visibles de las diferentes religiones del mundo, lograban consensuar unas actuaciones que llevar a cabo para hacer un frente común con el que paliar los desajustes sociales, económicos y morales en los que se encontraba inmerso por este “problema” todo el planeta.

Más que conseguir aunar puntos de vista, lo que se había provocado más aun si cabe, era el avivar los conflictos de los estados que para nada tenían que ver con el origen de este monumental problema, con las otras potencias en población, económicas y militares. Y que siendo estas escasamente menos de diez naciones, eran los auténticos responsables y culpables de esta descompensación vital de toda la humanidad.

Se seguía abonando por parte de los estados, las pensiones vitalicias correspondientes a estas personas. Pero como se tenían que abonar el “cuidado, manutención y cobijo” de estos seres en los ya mencionados recintos, volvía a recuperar las haciendas públicas más o menos estas cantidades.

Los enfrentamientos entre familiares para hacerse cargo del cobro de estas retribuciones económicas, era lo normal en todas las familias, pues las extensas ramificaciones de descendientes aun con vida de cada árbol genealógico, hacía muy difícil ponerse de acuerdo entre tantos parientes de las diferentes generaciones para el recibo, manejo y administración de estas “apetitosas” sumas monetarias.

Las autoridades miraban hacia otro lado en este problema con respecto al comportamiento de los parientes de estas vetustas personas. Y desgraciadamente, eran estas mafias o clanes de “queridos” familiares, los que una vez realizadas las correspondientes cuentas y verificada la no “rentabilidad” económica de mantener con vida a estas pobres “momias vivientes” -porque su manutención y conservación superaban a los ingresos recibidos por ellos- los que acordaban con toda la “pena” del mundo, contratar y encargar a pseudo legales sicarios de la medicina, para que llevaran a cabo la finalidad de la vida de estos sus tan “queridos” pero ya nada rentables antepasados.

lunes, 11 de enero de 2010

La apasionante aventura de vivir en pareja. (I)

Sin haber ojeado lo más mínimo ese manual básico, necesario y esencial de peripecias, andanzas, contingencias, lances, experiencias, episodios, etc., de los que comprende las relaciones entre ambos sexos, me enrolé en este barco de convivencia en pareja, que en mi caso, tenía más vías de agua que el titanic y navegaba a la deriva sin haber aún zarpado.

Aunque mi mujer diga lo contrario porque me tiene manía, soy un autentico manitas en la casa. Ante cualquier desperfecto que se origina, enseguida le meto mano para lograr su pronta reparación. Que se funde una bombilla…llamo a toda prisa a un electricista, un grifo que gotea…aviso corriendo a un fontanero, que observo un manchón en una pared…sin tiempo que perder requiero la presencia de un pintor, que se le gastan las pilas al mando de la tele…contacto enseguida con un técnico de televisión. Y esto es solo cuatro de los infinitos ejemplos que podría poner. Vamos que… el guaperas de bricomanía a mi lado, es un simple boy scout.

Que por cierto, cuando veía con mi pareja ese programa de bricolaje, no paraba esta de decirme ¡¡Que tío más guapo, que tío más guapo!! Como queriéndome dar celos con ello, sin saber la inocente, que a mi me gustaba más que a ella ese tío tan imponente.

Eso si, tiene ella una confianza en mi, “enorme”. Como me vea coger la caja de las herramientas, le falta tiempo para decirme…¡¡Espero un poco…o voy llamando ya a Protección Civil!! Y es que es tan simpática….la hija de su madre.

Siempre está detrás de mí para que me cambie todas las quincenas de ropa, pero con mi sagacidad me localicé por cuatro euros en el mercadillo de los gitanos, una camiseta de diferente color del derecho que del revés. Así que cuando llego a casa no tengo más que darle la vuelta, para que “la intendente” me vea algo diferente y se quede ya más contenta. Y es que me quiere tanto…..

Pero con la higiene personal, no admito bromas… y mi ducha semanal -aunque haya alguna fiesta de por medio- no la perdono por nada del mundo. Aparte del diario exhaustivo aseo matinal consistente en despegarme las dos correspondientes legañas.

Ella, que me dice que estoy hecho una prenda, como tal vestimenta en una percha me cuelga cuando llego a casa para que no toque nada -me dice que por si acaso- y desde esa privilegiada tribuna, observo lo bien que barre, friega, lava, limpia, tiende, cocina, plancha, etc. etc. etc., Lastima que desde la percha no alcance yo al mando a distancia de la tele, que si no… ya sería la gloria.

A mí, que soy yo un “genio” en eso de las labores domésticas, me quiso ella el otro día tomar el pelo. Me dijo que le “doblara una camisa”, y yo que sabía que se quería chuflear de mí le contesté ¡¡So listilla, ¿tu te quieres quedar conmigo? como si no supiera yo… que eso es imposible sin manual de papiroflexia!!

Le gusta buscarme las cosquillas encargándome las misiones más complicadas. Y hace poco me dijo -o sea me ordenó- que le quitara un fregao. Después de diez interminables y frenéticos minutos luchando con el delantal, me lo conseguí atar. Y a la media hora aparece como una loca gritando ¡¡Pero que estás haciendo que sale agua por debajo de la puerta de la cocina!! Y es que no se cómo querría “la sabihonda”, que lavara toda una pareja de vasos, de cucharas y de platos, si no es dejando que con el agua y más agua les quitara los churretes a los cacharros. La cuestión es que me costó mi “voluntario” favor, una condena de dos días sin cerveza y sin televisor. Ahora, que como me puse chorreando, para la siguiente ocasión -que callaito se lo tenía “la jodía”- me pongo mis botas de agua y mi chubasquero.

Esperaba “la jefa”, que en estos días me colara por casa trayéndole un pavo. Pero como a mi me gusta sorprenderla, le traje en cambio un salchichón. Con lo que le dije ¡¡Toma… para ti sola!! Como la vi un poco incrédula, le tuve que añadir ¡¡Y como te lo termine antes del verano…te compro otro!! Y es que a ella conmigo… le ha tocado el “gordo” de Navidad.

Recuerdo ahora, que unas navidades pasadas me propuso -ya que nunca habíamos ido a ninguno y ella tenía ilusión por lo menos de asistir a uno- que fuéramos a un cotillón de fin de año, a lo que con mi usual sinceridad le contesté ¡¡Pero “cariño”, si nos sale más barato pasar esa nochevieja en casa, y lo bien que nos lo pasamos peleándonos, discutiendo y poniéndonos como los trapos!!

Yo creo, que se queja ya de vicio. Hace poco me sugirió la “marimandona” que pusiera un lavao, y como sus deseos son órdenes para mí, raudo y veloz -a las dos horas y media- me dispuse a efectuar su mandato sin demora alguna. A los cinco minutos escucho un chillio ¿Se puede saber que estás haciendo con el interruptor de la cocina, tanto apagar y encender? Y es que ya me podía haber avisado que ahí no se enciende la lavadora.

La cuestión es que no se como, pero por fin conseguí poner tan extraño artefacto en marcha. Pero como ella se tiene que quejar por todo, me volvió a gritar con todo su “amor”…!!Pero borrico, que la ropa tiene que ir dentro!!

El otro día sin ir más lejos, al llegar a casa y librarme de momento, del rutinario control antidoping al que me somete la “sargento” de mi mujer, que no es otra cosa que olerme el aliento por si he bebido antes de tiempo, me asomé como de costumbre al balcón para comprobar el día que hacía, pues yo no podía saberlo ya que venía de la mismísima calle. Y estando asomado a la mencionada terraza, compruebo que en mi camiseta llevaba adherido un pelo de mi poblada “canosa” barba, lo cogí y lo lancé a la calle para que la pequeña brisa de levante que reinaba, hiciera con él lo que le diese en gana. Al meterme para dentro de la casa y dirigirme al pasillo, me tropecé con la “benemérita” ama de casa que se encontraba barriendo, la cual se dirigió a mi preguntándome con su habitual cariño ¿se puede saber de donde vienes a estas horas? Y seguidamente me llevé mi correspondiente cepillazo, por responderle sinceramente -ya que a mi no me gusta para nada mentirle- “que venía de echar una canita al aire”.

Eso si, tengo que reconocer, que en la cama soy una auténtica fiera -y es que no tengo abuela-, porque entre los pies fríos, los ronquidos, las ventosidades, el olor a pies, los eructos, el “perfumado” aliento, los codazos, las patadas, etc., estoy hecho en la cama…todo un Animal.

Ahora llevaba un tiempo, que con todo su “amor” me estaba llamando “tigre”. Y la verdad, aunque reconozco que en la cama la dejaba “contenta”, me parecía un poco exagerada tal denominación. Por lo que cayéndoseme la baba le dije -como al que le gusta que le regalen los oídos- ¡¡Cariño yo ya se que te dejo satisfecha pero ¿no te parece un poco excesivo llamarme “tigre”?!!, a lo que me contestó con toda su “simpatía” ¡¡No hijo no, no seas iluso!! ¡¡ Lo de tigre es, para ver si coges onda, y un año de estos te cortas las uñas de los pies!!

Con la llegada del nuevo año y como es habitual, llegarán los propósitos de enmienda, las promesas, los deseos y las pretensiones en que nos embarcaremos en este anuario próximo, como por ejemplo: avanzar en la informática, las dietas, aprender idiomas, hacer deporte, etc., etc., etc. y que para nada llegaremos a culminar. Pero yo ya tengo pensado y más que meditado cuales serán mis aspiraciones para esta anualidad entrante.

En primer lugar, como mi mujer me dice que estoy gordo y no me gusta llevarle la contraria y además por dedicárselo a ella para que los disfrute con toda su pasión… me prometo coger ocho ó diez kilitos más. Por otra parte, quiero intentar -y creo que con un poco de esfuerzo lo puedo conseguir- alargar la siesta…ya que las tres horas y media que le dedico se me quedan un poquito cortas y termino cansado. Y por último, me propongo para este año, ya que se me sube a la cabeza y no paro de escribir tonterías…dejar de beber entre copa y copa.