viernes, 19 de marzo de 2010

Inevitablemente................se veía venir.

A duras penas consiguió llegar hasta el acantilado. Cariacontecido, casi a rastras y a pequeños pasos, alcanzó el límite de ese para él, fatídico prado.

Desde ese borde natural, pensaba saltar para pasar a mejor vida. Su corta historia había marcado ese devenir, siendo esa su única salida con la que poder poner fin a su nada rutilante ni fulgorosa existencia.

Echó la mirada atrás, para visualizar por última vez lo que hasta ahora había sido su forma de supervivencia, mientras pensaba y meditaba sin saber muy bien el cómo ni el porqué, de haber tomado esa trágica decisión.

Se preguntaba, cómo esos tan recientes pero acelerados acontecimientos, habían conseguido separarle de su tranquila y reducida biografía. Pero con un nostálgico semblante aceptaba su destino, sin que por ello dejara de añorar el tiempo ya vivido.

Lo que no llegaba para nada era a comprender, porqué casi a empujones las opiniones de los demás, le habían llevado hasta el extremo de ese precipicio. No conseguía averiguar cuánto mal habría él cometido, como para provocar que otros se alegraran de que hubiera tomado esta determinación y de que al vacío, de un salto se arrojara.

Él, que siempre los mimos y las caricias para los demás no robaba aunque envidiaba. Él, que hasta que los otros no estaban saciados de comida, su parte si quedaba, entonces se tomaba. Él, que se jactaba de su comportamiento altruista y fraternal para con los suyos, cómo se podían todos entusiasmar, con que su suicidio sus vidas animara.

Cuánto incomprendido dolor iba a dejar atrás. Y cuántas caprichosas decisiones se iban acabar en cuanto saltara al vacío desde ese despeñado barranco.

Atrapado por la angustia que el irremediable fin que le esperaba provocaba en su joven cabeza, se balanceaba sin querer en el filo del despeñadero, debido a las corrientes brisas de aire que con su cuerpo jugueteaban.

La tristeza que le embargaba el funesto momento, le provocaba unos ríos de lágrimas que de sus llorosos ojos emanaban. Y tragando saliva para sus adentros, desataba el nudo que tenía en la garganta, que como una soga al cuello asfixiadamente le apretaba.

Especialmente, el comportamiento de sus íntimos es el que con más fuerza le había impulsado a tomar tan trascendental resolución sobre su vida. Y un rencoroso resentimiento hacia estos, reflejaba su luctuosa mirada.

Con la cabeza gacha, contemplaba el infortunado abismo que a la muerte en pocos instantes le llevaría. Afiladas piedras del fondo del acantilado aguardaban impacientes su “valentía y arrojo” de saltar, para de una vez por todas poner fin a desdicha tan amarga.

Meditaba, sobre lo corto que le había parecido su paso por este mundo. Y se consideraba, particularmente joven para esta especie de huída hacía adelante que a cabo llevaría, con la que acabar para siempre con la angustia que tanta sin razón le martirizaba.

El abandono de su reducido pero acogedor y cálido hogar, le enrabietaba hasta el punto de confundírseles los sentimientos de ira y rencor, con los de afecto y amor.

No suele ser el lógico ni esperado final, ni tampoco el comienzo de una nueva vida, pero dado que su familia estaba desengañada y desesperada porque esperaban mucho más avances de él, no les quedó a esta más remedio que conminarle, a que de una vez del precipicio se arrojara.

Sin poder contener el sollozo que le había sobrevenido en el último momento, alzó la mirada al cielo, y con un fuerte impulso contra el suelo acompañado de un instintivo golpe de riñón, se lanzó desde el filo del barranco al espacio vacío camino del infierno, quedando a merced de la atrayente gravedad, para que hiciera con él y lo trasladara, donde le viniera en gana.

Durante su caída libre cortaba el aire en dos, y antes de estriparse contra el rocoso fondo del acantilado, tuvo tiempo el joven de recordar las últimas e insistentes indicaciones de su familia, la de abrir y extender sus miembros superiores en el aire. Y haciéndoles caso de ello, desplegó sus extremidades de la parte alta exhibiendo unas preciosas alas, con las que aleteando con gran fuerza echó a volar para su grata sorpresa, en este inesperado primer vuelo de aprendizaje… de hermosa cría de pájaro jilguero.