miércoles, 30 de junio de 2010

MI AMANTE SECRETA

Saltándome las normas más básicas de la caballerosidad, y aprovechando de que soy todo menos un Señor, voy a desvelar uno de mis grandes y mejores guardados secretos, que es nada más y nada menos, que mi relación oculta con una tenaz e insistente Amante.

En infinidad de ocasiones le he dicho que No, pero por más contundentes que han sido mis negativas, me ha continuado acosando como el primer día en que nos conocimos. Antojada conmigo desde hace ya algún tiempo, me persigue y hay momentos, en los que se convierte casi en mi propia sombra. Y aunque emplea todos sus encantos en su seducción, de momento no he caído hasta el fondo de sus acogedores brazos. Aventura amorosa que no he culminado, pero con la que he tonteado.

Siempre ha intentado aprovecharse de mí, porque aunque conoce mi comprometido status, también de sobra sabe, de mis flaquezas y debilidades. En innumerables ocasiones -a escondidas por supuesto- nos hemos visto y hemos mantenido trascendentales e inacabables charlas en las que casi siempre, debido a mi influenciable condición, he estado a punto de caer en la fascinación que me provoca su embrujo.

No puedo negar, que sus promesas de consuelo y de acogimiento, me han hecho más de una vez titubear con mis sentimientos, y que a mis familiares y demás, les he llegado a traicionar y decepcionar.

Su melena tapada por su de siempre en la cabeza ceñido pañuelo, y su cuerpo envuelto entre desajustadas prendas, forman una incógnita más, de esas otras tantas interrogantes que ella siempre me produce. Y es que por supuesto desconozco su desnuda figura, porque aunque insistentemente su silueta se me insinúa para que caiga entregado a su atractivo talle, mi resistencia triunfa a tal sugerente entrega.

Con una voz femenina poco definida, más bien neutra diría yo, me embeleza con sus ofrecimientos y, cautiva mis sentidos con sus hechizadas y sugestivas ofrendas. Aparece y desaparece en mi vida a su antojo, se instala a mi alrededor durante un indeterminado tiempo, hasta que comprueba que no me dejo convencer por su lindeza y su coquetería. Aunque tengo que reconocer, que sus cautivadoras invitaciones hacen que me tambalee frecuentemente en la cuerda floja.

No se como lo hace ni como se entera, pero la cuestión es que su apariencia coincide siempre, con los más bajos de mis anímicos momentos, queriéndome dar cobijo y ofreciéndoseme en su más álgido esplendor. Hay veces que su atosigamiento y persecución, con su amparo y consuelo, me provoca verla y sentirla como la panacea a todos mis males. Como también hay ocasiones, en las que sin verla siento su presencia, vigilante y acechadora, esperando el más mínimo traspiés en mi vida, para volver hacer su reaparición como remedio a mis problemas y dificultades.

Proyecciones de películas hemos visto juntos a escondidas en salas de cine de otras localidades, así como largos paseos hemos compartido tanto por orillas costeras, como por alamedas de vecinas ciudades. Estos desleales devaneos con ella -creo que lo ha intentado ya todo conmigo- no han llegado a más, porque yo no he querido. Encuentros estos, que nada tenían de improvisación, pues eran minuciosamente estudiados y calculados.

Sonadas polémicas hemos tenido en estas apartadas reuniones, pues no puedo negar que también he padecido en esta aventura, muy destacados y enfrentados puntos de vista con ella, en los que las grandes discusiones lo mismo las hemos mantenido llevándola de acompañante en mi vehículo, en el mirador de una catedral, navegando por la bahía, o incluso también durante nuestros apasionados y habituales paseos junto a la vía férrea. Y las trascendentales decisiones adoptadas por mí en estos infieles filtreos, parece ser que han sido hasta ahora, las acertadas y correctas para estos amorosos titubeos.

Tengo que admitir, que es una admiradora inagotable y obstinada como nadie. Y que únicamente me deja en paz, cuando admite su derrota por mis tibios pero frecuentes rechazos, dejándome tranquilo por lo menos, durante una nueva y corta temporada. Como también tengo que confesar, que incontable han sido las veces, que me han venido muy bien, sus desahogadores abrazos y sus alentadoras palmaditas en la espalda, así como también, sus hombros en los que poder llorar mis penas.

Dado que admito y se, de sus multibígamas relaciones, desconozco que es lo que puede haber visto en mí, e ignoro porqué se ha fijado mi persona como objetivo de sus deseos y, las razones que le han llevado ha encapricharse conmigo, como también dudo, de sus verdaderas y sanas intenciones en esta turbulenta relación, en la que en algunos momentos me han llevado casi a la locura.

Pero no puedo por más, que confesar las traiciones que he cometido con los míos y admitir los engaños que he llevado a cabo con todos, cargando pues por ello, con las lógicas secuelas que he provocado en mi entorno con estas hipócritas actitudes. Desatinado pseudo-romance este, que pocas alegrías me ha dado, y que mil y un disgusto desgraciadamente con mi gente me ha creado.

Y aunque para nada Ella se da por vencida, ya le he dejado definitivamente claro, que quiero dejar de seguir siendo…el Amante secreto de la Muerte.

martes, 8 de junio de 2010

La apasionante aventura de vivir en pareja. (II)

Continuando con mi particular anecdotario de vida en pareja, no me puedo olvidar cuando Ella, con sus “indirectas” de que estoy gordo, me amenazó y me obligó un día a que hiciera footing. Para lo cual, me compró en el mercadillo de los gitanos un chándal rojo con las mangas blancas, con el que parecía yo el personaje del logotipo de la Cruzcampo.

Para no llamar mucho la atención, salí al día siguiente a la calle estrenando mi deportivo atuendo a las siete de la mañana. Pero mi osada intención que era darle toda una vuelta “corriendo” a la barriada se frustró, porque un maldito y “gigantesco” perro yorkshire de casi treinta centímetros que andaba suelto, salió corriendo y ladrando tras de mí, y me obligó a darle no una sino dos vueltas a todo mi bloque. Al final, creo que la risa que le provocaba al perro mi carrera y mi aspecto, fue determinante para que desistiera de su persecución, ya que el pobre animal no podía correr, ladrar y reírse de mi…todo eso a la misma vez. Eso si, tal carrera “maratón”, me provocó una más que ganada semanita en la cama de descanso y de dolores por las correspondientes agujetas.

Con mi actitud derrochadora como siempre, compré por Reyes del 2008 un roscón y lo troceé en varias partes guardándolas en el congelador. Desde entonces, anualmente saco un par de trozos por esas señaladas fechas. Y ya tengo ganas de que me toque la figurita de una vez, que me hace mucha ilusión. Aunque no se, todavía tengo roscón para varios años y seguramente le tocará a Ella la sorpresa, después de mi larga espera y fuerte inversión.

Nosotros somos una pareja bien avenida, civilizada y moderna, y no nos peleamos por cualquier tontería. Solamente discusiones trascendentales como: quien entra primero al cuarto de baño, quien se levanta a abrir la puerta, quien se lee primero el horóscopo del periódico, quien acude al teléfono, quien baja a tirar la basura, quien maneja el mando del televisor, etc., son las que nos obligan a tirarnos los trastos a la cabeza. Yo en concreto, utilizo en estas nuestras batallitas…cojines y almohadones, pero Ella, que con lo que le coja me lo lanza…debo de tener cuidado cuando la saco de quicio y la provoco.

De verdad creo, que lo más complicado que hay en la vida es comprar pañales. Cuando me mandó -ordenó- Ella la primera vez a comprarlos para nuestro hijo, me dirigí a Carrefour con intención de pasar lo más desapercibido posible, por ser aquello una gran superficie. Por allí andaba yo perdido, en aquella calle repleta de paquetones de absorbentes bragas de todos los tamaños, imágenes, marcas, tallas y colores. Y no tuve yo otra mejor idea, que acercarme a una trabajadora reponedora que merodeaba por los alrededores para preguntarle…¡¡Por favor!! ¿Me puede usted indicar cuales son los pañales de niñas y cuales los de niños? A la pobre muchacha se le desencajó la mandíbula de abajo del ataque de risa y, aún anda el Carrefour tras mía, para que le indemnice por los ocho días que estuvo la joven de baja laboral.

Y simpática mi mujer lo es un rato. La vi en el salón un día haciendo punto, con lo que quise yo aprovechar para hacerme el gracioso y le dije... ¡¡Qué, haciéndole una faja a la foca de tu madre ¿no? A lo que Ella con su gracia me contestó…¡¡No!! Estoy afilando estas dos banderillas… para ponérselas a un toro que yo conozco. Y es que tiene un salero…la hija de su madre.

Me tiene Ella sometido a un marcaje, con el que apenas me deja ni respirar. No quiere que pegue los chicles debajo de la mesa, no me deja que me urda en la nariz mientras estamos comiendo, protesta si me meo fuera de la taza del wáter, se enfada porque vaya escupiendo por el salón, me tiene prohibido que en las paredes del cuarto de baño pegue los mocos, o sea, que un hombre hecho y derecho como yo, no puede disfrutar de los auténticos placeres de la vida.

Me encuentro sorprendido de que no pierda unos kilitos habiéndome quitado mi mujer de comer pan, porque no creo que tenga nada que ver, la bolsa de picos que me zampo enterita en cada comida, ni con el par de donuts y el bollicao que diariamente a escondidas por la calle me como. ¡¡Y es que a mi sufridora, la tengo la mar de contenta!!

Pero tiene mi mujer dos grandes "defectos". El primero de ellos, es que siempre en todo quiere tener la razón. Y el segundo y más preocupante, es que encima... la tiene.

Es verdad que algunas veces parece que no se donde tengo la cabeza, por que en más de una ocasión cuando me ha pedido Ella que le lleve un café, “sin darme cuenta” en vez de echarle azúcar, le he echado sal. Y también que la última vez que la llevé la médico, regresé dejándomela allí olvidada.

Pero eso si, tengo unas atenciones con mi mujer…que yo mismo me sorprendo de tanta galantería. Creo que mi mujer ha tenido una “suerte loca” al darse conmigo, la verdad.

Sin ir más lejos, hace poco tiempo que me dijo un día a media mañana -como la que lanza un globo sonda- ¡¡Tengo capricho de comer chocolate!! ¡¡Si alguien tuviera la delicadeza de regalarme una caja de bombones lo agradecería!! Ni corto ni perezoso me faltó tiempo a mí y, cuando bajé a las nueve de la noche -del mismo día- a tirar la basura, me acerqué a la tienda de la esquina y le traje su correspondiente paquete de conguitos.

¡¡Que suerte tuvo Ella en la vida…de fijarse en mí!!