lunes, 15 de noviembre de 2010

Una mente sola, y dos corazones culpables

Varios especialistas en la materia me han venido a confirmar, que casi todo de lo que últimamente me está ocurriendo es por culpa ni más ni menos que de mis dos corazones. ¡¡Sí, habéis leído bien!!

Una minuciosa y detallada información he recibido, de que a una pequeña parte de la población nos pasa lo mismo, pero que por ignorancia e incredulidad culpamos de esas inquietudes, molestias, achaques y sobresaltos a otras diferentes patologías.

Entre blancas salas hospitalarias y un equipo puntero de profesionales, he sido junto a otros pacientes, examinado con moderna tecnología a innumerables pruebas rodeados de todo tipo de cables y con maquinaria de última generación. Y en mi caso como también en algunos otros, se ha llegado a la conclusión de que los altibajos que he tenido en los últimos tiempos, parece ser según los expertos y por los estudios realizados, que eran debido a los efectos que estos dos corazones estaban provocando en mí.

Con un corazón a cada lado pero una sola mente para coordinarlos, controlarlos y atenderlos, se confunden de vez en cuando sus misiones quedando la cabeza alterada en más de una ocasión por el desorden que estos enredos origina. Los dos ejecutan semiacompasados sus movimientos obligados, y mientras que uno de ellos se contrae y sistola, el otro diastola y actúa. Y esta peculiar pseudo-sincronización de ambos, es el resultado de mi singular y actual estado vital.

Cada uno de estos corazones posee sus clásicos tres segmentos, los cuales, operan individualmente desarrollando su necesaria y eficaz misión de indispensable engranaje de estos auténticos núcleos.

Con la coordinación mental necesaria, mientras que el corazón derecho se centra en temas tan diversos como: el NIÑO, el PULMÓN, el HIPO, el PUÑO, el HOY, etc., el izquierdo atiende a: la CASA, las FRASES, el TRAGAR, la DESTREZA, la FE o el BESAR, por ejemplo. Pero si quiero reparar en: el MAÑANA, el AYER, la SIESTA, el CARIÑO, la LEALTAD, la AMISTAD o el AMOR, debo además de poner los cinco sentidos en ello, emplear simultáneamente mis dos corazones.

Algún que otro profesional del tema me ha aconsejado, que en este mi particular peregrinaje por la carga de esta extraordinaria patología, me deje llevar sin temor alguno por el quehacer de estos dos auténticos motores. Máquinas estas, que tantas sorpresas últimamente me han dado, y que también tengo que admitir, que son las responsables de algún que otro reproche, contrariedad, desengaño y decepción que he generado, quedándome en estas ocasiones y por partida doble, con el corazón en un puño.

He preguntado con toda la curiosidad del mundo, si podría trasplantar o donar alguno de estos corazones en caso de necesidad, pero me han asegurado casi al cien por cien, que dadas las particulares características de éstos, la complejidad que llevaría el asunto, los probables rechazos y las cuantiosas incompatibilidades, harían de ello una operación poco más o menos que inviable.

Singulares dos corazones que son los culpables -y nada de a escondidas- de la vivacidad que en la actualidad presento, como también tengo que decir, que sus complementarios palpitar son a la vez tan independientes, que noto como si hicieran cada uno por sí vida propia. Estos ingenios, han sido los desencadenantes de unas actitudes y unas conductas más propia de una mente trastocada que de un voluntarioso carácter. Y es que las acciones de expansión y contracción de éstos ejecutando los mandatos que les hace llegar el sistema nervioso central, han originado por mi parte unos estados de arrojo y osadía, que algunas veces he sido difícil de entender.

Con una arritmia tan particular por la desordenada frecuencia de sus pulsaciones al no guardar ésta ningún tipo de patrón, hacen que esta anomalía y sus espontáneos impulsos eléctricos no sean detectables con los instrumentales clásicos, y que solamente con tecnología de vanguardia se pueda descubrir esta extraordinaria alteración. Es por lo que me he visto monitorizado en estos acogedores centros hospitalarios, controlándoseme las consecuencias de tan extraño e indomesticado pulso.

No por esta doble posesión soy mejor persona, ni tampoco peor, claro está. Lo que si soy es un privilegiado comparado con otras muchas, pues, una vez analizado con toda rigurosidad mi estado me han corroborado, que si por las circunstancias que fuera uno de estos corazones me dejara de funcionar, no tendría nada que temer, pues la autosuficiencia individual de cada uno me permitiría seguir adelante, aunque eso sí, echándole a la vida algo más de dilación y parsimonia.

Con más corazonadas que otros, estos estímulos son transformados en acciones incitadoras de réplicas, respuestas éstas, que guardan concordancia ni más ni menos que con le que digo, con lo que escribo, con lo que pienso y con lo que hago. Quedando constatado, de que esta situación que me han descubierto -la cual estoy asumiendo y aceptando- ha cambiado mí rol de vida personal, en la que disfruto de ciertas ventajas y también por ella, corro mis propios riesgos.

Y con la mano en el corazón, o con el corazón en la mano -tanto monta, monta tanto- quiero que sepáis: que aunque hay quienes tienen que utilizar todos los dedos de sus manos para en el teclado divulgar sus ideas y pensamientos, yo me basto y me sobro para hacerme entender de sólo de dos de estos dedos, de mis dos corazones.