lunes, 17 de enero de 2011

MI PRIMERA Y ÚLTIMA VICTORIA

Aunque favorablemente despunté en mi época infanto-juvenil por mis aptitudes balompédicas, la verdad es, que nunca tuve unas resaltadas dotes atléticas. Pero excepcionalmente protagonicé hace ya un sin fin de años una excelente carrera, la cual, era sólo el comienzo de una serie de competiciones que en mi vida realicé.

En unas condiciones extremas pero a la vez soportables se desarrolló mi primera carrera, la cual vencí y por ese éxito he llegado hasta aquí. Pero fue mi única victoria, ya que en las siguientes pruebas en las que concurrí, no sólo nunca más fui campeón, sino que ni siquiera llegue a ser ni un simple segundón, más bien diría yo que sobresalí por ser… un penultimón. Así que si en algo destaqué en mis sucesivas y puntuales intervenciones competitivas, fue más bien por los malos resultados conseguidos. Todavía me pregunto yo… cómo fui capaz en aquella carrera de haber ganado... sin estar dopado, ni haber cogido ningún atajo. Y lo sorprendente es, que después del tiempo ya transcurrido, yo recuerde aquella carrera como si la estuviera ahora mismo viviendo.

En el oscuro atardecer de no me acuerdo que día de aquel frío invierno tuvo lugar esta tumultuosa y original competición, singular porque todos los participantes íbamos con la misma indumentaria y sin ningún tipo de dorsal, y solamente se nos distinguía a cada uno por nuestras propias hechuras e individual identidad. Era un auténtico y típico marathón de esos en los que participan infinidad de corredores. Y desde un pabellón cubierto, se dio el pistoletazo de salida a esta frenética carrera.

Con una salida en tromba partimos al exterior todos los participantes como si se tratara sólo de una prueba de velocidad, y no era exactamente así, pues para participar con algunas garantías de éxito en la misma, había que mostrar además cierta resistencia, ya que el establecido circuito de ésta, nos aguardaba con una serie de obstáculos durante todo su recorrido, con lo que más bien era una competición para corredores de fondo. Y como dando la impresión de jugarnos la vida en ella se desarrolló toda esta extenuante carrera, la cual más bien parecía una auténtica pugna de subsistencia.

Me viene a la memoria la actitud de la mayoría de los participantes, dando acelerones bruscos de los que pronto se venían abajo quedando exhaustos y sin capacidad para continuar, mientras que yo, sin responder a estos tirones y sacudidas, me limitaba a mantener un ritmo algo más sosegado pero a la vez siempre constante, el cual me iba permitiendo ir dándoles a éstos, lentamente alcance. Y conforme adelantaba a estos ya cansados contrincantes, el ánimo me iba justificadamente subiendo, pues el preciado trofeo por la posibilidad de victoria en esta agónica carrera, así lo merecía.

Cuando me encontré frente al punto final y con parte de la indumentaria ya perdida, me dio tiempo de mirar a los lados y también hacia atrás. Con ello, me cercioré de mi incontestable triunfo y me recreé unos instantes antes de cruzar la línea de meta, no sin antes, mostrarme también algo dubitativo por el desenlace futuro que me traería a mi tan tamaña victoria, así como las consecuencias negativas que por la derrota sufrirían los demás rezagados participantes. Competidores estos, a los que no veía yo como enemigos sino sólo como rivales, pues un sentimiento fraternal experimentaba por estos compañeros de viaje. Y esta prueba, clásica donde las haya, tuvo la duración lógica y normal de este tipo de habituales competiciones.

Lo que si es cierto, es que he administrado en mi vida ese mi primer y único triunfo de una manera tan digna y positiva, hasta el punto de estar a día de hoy, viviendo todavía de las rentas de tan memorable victoria.

Tengo que resaltar, que los ya mencionados malos resultados posteriormente obtenidos, hicieron a más de un crítico poner en duda mi tan sonado triunfo. Como también desconfiar de la legalidad de la prueba, dado que mis padres tuvieron una destacada intervención en el desarrollo de la misma. Y es que mi padre hizo de juez dando el pistoletazo de salida y mi madre de dama-azafata en la entrega del trofeo.

Algún tiempo después me enteré, que a determinados familiares no les hizo ninguna gracia mi sensacional victoria y, que ni tan siquiera les gustó mi participación en la citada carrera, entre éstos, mis dos hermanos mayores que se mostraron algo recelosos con mí llegada a la meta, como también mi propio padre, pues parece ser que éste, estuvo al principio poco receptivo por esta grata noticia, según me confesó mi propia madre años más tarde.

Es una lastima, que solamente sobreviva yo de entre todos los integrantes que participamos en tan afamada carrera, impidiendo con ello, que intercambie opiniones y recuerdos con algunos de éstos adversarios, mientras rememoramos aquella inolvidable y tradicional contienda.

Eso sí, no he cejado en todo este tiempo ya pasado, de rastrear por los archivos de la época intentando localizar algunas imágenes documentales de dicha competición, y no sólo no las he encontrado, sino que ni siquiera he hallado una imagen fotográfica de la misma. Solamente he descubierto, documentos escritos y no divulgados públicamente con nombres y fechas.

Y a ésta mi particular exitosa competición de la que tanto presumo por su conquista, y que además relato como si fuera una auténtica “batallita”, los entendidos en este tipo de atléticas pruebas la llaman…“la gran carrera del espermatozoide”.